Orsi habló de guerras en la ONU sin nombrar Gaza ni Ucrania y cuestionó el poder de “unos pocos países”
- Sep 24 2026
Un año después de haber utilizado la Asamblea General para reclamar el cese de las operaciones militares en los territorios palestinos y la liberación de los rehenes, Yamandú Orsi volvió este jueves a la misma tribuna con un discurso diferente en su formulación: no mencionó a Israel, Palestina, Gaza, Rusia ni Ucrania y planteó que tomar partido en una guerra puede profundizar las divisiones. También reclamó respeto a las fronteras y advirtió que el sistema internacional no puede seguir siendo “rehén de la voluntad de unos pocos países”.
En su intervención ante el 81.º período de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas, Orsi desplazó las referencias a conflictos concretos hacia una definición más general de la posición que Uruguay debería asumir frente a las confrontaciones internacionales.
“No creemos que posicionarse de un lado o de otro de una guerra, de una confrontación o de una disputa contribuya necesariamente a resolverla. Muchas veces, por el contrario, profundiza esas divisiones”, sostuvo.
La afirmación no se planteó como una defensa de la indiferencia. Orsi se ocupó de marcar esa diferencia de inmediato: dijo que buscar una salida mediante el diálogo no supone “relativizar el sufrimiento” ni “desconocer las responsabilidades”, pero insistió en que la paz exige “algo más difícil que tomar partido”.
El planteo marca una diferencia respecto de su intervención ante las Naciones Unidas de septiembre de 2025. Entonces había mencionado expresamente el conflicto de Medio Oriente, reafirmado la posición uruguaya de “dos naciones, dos pueblos, dos Estados” y reclamado la suspensión inmediata de las operaciones militares, el fin de las muertes de civiles y la liberación de los rehenes.
Esta vez esos nombres y demandas concretas no aparecieron.
Cuba fue la excepción. Al enumerar distintas fuentes de sufrimiento —las guerras, el crimen organizado, el terrorismo y “la represión que surge de la tiranía”— Orsi incorporó “el sufrimiento que provoca un férreo bloqueo económico como el que sufre el pueblo cubano”. No hizo referencia equivalente a ningún otro país ni a ningún otro conflicto.
La idea de no ordenar las relaciones internacionales según los alineamientos reapareció en otra parte del discurso. Orsi sostuvo que ningún país es “dueño de la verdad absoluta”, que ninguna nación tiene “el monopolio de las soluciones” y que ningún pueblo debería ser obligado a elegir “entre modelos impuestos desde fuera”.
Más adelante llevó esa crítica al funcionamiento de la propia ONU.
Defendió la vigencia del organismo, pero reclamó que evolucione al ritmo de los cambios geopolíticos, tenga decisiones “justas” y que esas decisiones sean acatadas. En ese punto introdujo otra definición: las fronteras de los países, sostuvo, “deben ser protegidas y respetadas”.
La siguiente frase cambió la escala del planteo. “No podemos seguir siendo rehenes de la voluntad de unos pocos países que se pueden contar con los dedos de una mano”, afirmó. Y agregó que tampoco se puede ceder ante “razones de conveniencias económicas de turno”.
Orsi no identificó esos países ni vinculó expresamente su afirmación al Consejo de Seguridad. El órgano encargado por la Carta de la ONU del mantenimiento de la paz y la seguridad internacional tiene cinco miembros permanentes —China, Estados Unidos, Francia, Reino Unido y Rusia— y cada uno dispone de poder de veto sobre las decisiones sustantivas.
El cuestionamiento a los alineamientos volvió a surgir cuando el presidente rechazó dividir las relaciones internacionales en “malos y buenos”.
“Muchas veces los buenos se convierten rápidamente en malos, o los que ayer condenábamos duramente, mágicamente se transforman en referentes de nuestra alianza para el bien”, afirmó.
La intervención también abordó la desigualdad, la pobreza, la tecnología y la inteligencia artificial, pero Orsi los integró en una misma discusión sobre el destino de los recursos y las prioridades de los gobiernos. Mientras el mundo debate sobre crecimiento, transición energética o nuevas formas de producción, señaló, millones de personas continúan sin poder resolver la alimentación, la vivienda o el empleo.
En ese marco reclamó organismos multilaterales “más eficaces” y “más representativos”, pero agregó un elemento poco desarrollado después en el discurso: la necesidad de “mostrar austeridad desde estos ámbitos”.
La paz y el diálogo ya habían sido el centro de la primera intervención de Orsi como presidente ante la Asamblea General, en 2025. La diferencia estuvo, esta vez, en cómo los llevó al terreno de los conflictos abiertos.
Hace un año, desde esa tribuna, Uruguay había explicitado posiciones y demandas sobre Medio Oriente y Orsi había ofrecido al país como anfitrión de negociaciones y promotor de redes de mediación. El jueves no reiteró esa oferta ni volvió sobre aquellas demandas concretas. El mensaje se concentró en otro punto: no asumir que alinearse con uno de los bandos conduce a la solución de una guerra, preservar las fronteras y revisar un sistema internacional en el que, según advirtió, la voluntad de unos pocos países puede imponerse sobre el resto.












