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Papa León XIV: El cuidado fraterno guía al pueblo uruguayo

Papa León XIV: El cuidado fraterno guía al pueblo uruguayo

Desde la Plaza Independencia, el Papa León XIV mantuvo su primer encuentro con las autoridades, la sociedad civil y el cuerpo diplomático, y compartió ante 30 mil fieles una sentida reflexión sobre la Redota y las enseñanzas que deja en la actualidad.

Ante miles de personas que desde la mañana colmaban la Plaza Independencia, el Papa León XIV pronunció su discurso en lo que se convirtió en el primer mensaje del Sumo Pontífice en Uruguay.

«Desde este primer encuentro deseo hacer llegar mi saludo a todos los uruguayos, dondequiera que se encuentren. Durante estos días tendré la alegría de recorrer algunos lugares de esta tierra, acercarme a su historia y encontrarme con hombres y mujeres que, en realidades muy diversas, forman parte de la vida del país».

Tras agradecer al presidente Yamandú Orsi por sus palabras de bienvenida, el Santo Padre encomendó a la protección de Nuestra Señora de los Treinta y Tres, patrona de Uruguay, a todo el pueblo y a las personas que lo acompañarán durante su travesía por el país latinoamericano.

«Al comenzar mi visita deseo poner bajo su protección a quienes encontraré en mi camino. Su presencia acompaña una página decisiva de la historia nacional y continúa reuniendo hoy a generaciones muy distintas de uruguayos».

La Redota: Enseñanzas que continúan vigentes
La reflexión del Santo Padre partió del recuerdo de la Redota, conocida también como el Éxodo del Pueblo Oriental, reflejada en el monumento de bronce, esculpido por Angelo Zanelli, ubicado en el centro de la Plaza donde el Sucesor de Pedro realizó su primera actividad pontificia en la patria oriental.

Se trata de una remembranza tatuada en la memoria colectiva de los uruguayos, cuyas lecciones continúan vigentes en la actualidad. En función de los detalles presentes en la estatua de bronce que corona a la Plaza Independencia, el Papa León XIV se detuvo para ofrecer un análisis que retrata «un punto de partida para mirar también al Uruguay de hoy»:

«En lo alto del monumento, Artigas aparece solo, a caballo. Más abajo, en el relieve frontal, vuelve a aparecer entre sus hombres, formando parte de aquella multitud. Este detalle trae a la memoria unas palabras que pronunció poco después ante los representantes orientales reunidos en el Congreso de abril de 1813: “Mi autoridad —dijo— emana de vosotros y ella cesa por vuestra presencia soberana”».

Ante tal premisa, el Santo Padre reconoció que la frase del independentista uruguayo unió «el origen de la autoridad y la responsabilidad de quien la ejerce»; por ello, recordó a los presentes que la autoridad pública debe permanecer siempre al servicio del bien común.

Transmitir los bienes que hemos recibido
El Papa recordó a los fieles que ese bien común "comprende también la responsabilidad de transmitir a quienes vendrán después los bienes que hoy hemos recibido», una responsabilidad que consideró se halla ligada al «uso de los recursos naturales y a las fuentes de energía", dos aspectos en los que Uruguay se ha destacado en las últimas décadas, al transformar "profundamente su matriz de generación eléctrica, que hoy se apoya casi enteramente en fuentes renovables".

De ahí que el Romano Pontífice diera reconocimiento a los resultados obtenidos en la nación oriental, pero que, según él, "plantea ahora nuevos desafíos en el transporte, la producción y el uso responsable de la tierra, el agua y la energía. Pensar a largo plazo significa, precisamente, administrar estos bienes sin comprometer las posibilidades futuras".

La vida que comienza pertenece a la familia humana
El Vicario de Cristo señaló también un matiz recogido de los frisos del monumento, el que "representa a una mujer que lleva en brazos a un bebé. Lo sostiene estrechamente mientras a su alrededor continúa la marcha. Una figura que interpela a toda la comunidad, la de un gesto de protección dedicado a «la vida que comienza".

"Quien todavía no ha nacido pertenece ya a la familia humana y al futuro de su pueblo. Su dependencia absoluta de la madre no disminuye la dignidad que le corresponde ni la protección que merece. Jesús mismo quiso asumir esta condición al encarnarse".

Asimismo, el Papa aseveró que el cuidado de los niños debe ser también una prioridad para todos, dado que ellos serán quienes recibirán en el futuro "la responsabilidad de continuar la vida común"; para el cumplimiento de ese objetivo, el Pontífice destacó que la educación constituye un pilar fundamental para el desarrollo de las capacidades de los infantes y su preparación para ser partícipes de la vida social.

"La formación recibida ha de abrir también oportunidades concretas para incorporarse a la vida laboral, poner en práctica lo aprendido y adquirir autonomía mediante el propio esfuerzo".

El trabajo y el desarrollo económico: Cauces dirigidos hacia el bien común
En este contexto, el Santo Padre advirtió a los fieles que el trabajo se fundamenta en la formación que se recibe a lo largo de los años, un conjunto de aprendizajes que «permiten a cada persona desarrollar sus capacidades y contribuir al bien de los demás».

León XIV también recordó las palabras de San Juan Pablo II en su encíclica Laborem Exercens, donde se expone que "el trabajo está en función del hombre” y "no el hombre en función del trabajo"; por tal motivo, señaló que ese criterio "conserva toda su actualidad" a pesar de la digitalización y los avances de la inteligencia artificial.

"El desarrollo de estas tecnologías debe ampliar las capacidades humanas, facilitar tareas y crear nuevas posibilidades, procurando que la persona que trabaja no quede reducida a una simple pieza prescindible dentro del proceso productivo".

No obstante, declaró que "quienes forman parte de un mismo pueblo pueden partir de situaciones muy diferentes y disponer de recursos desiguales. Por ello, la manera en que se organiza y orienta la economía termina repercutiendo directamente en las condiciones de vida de las personas y en sus posibilidades de construir su propio futuro". Por lo tanto, exhortó a Uruguay a que los frutos dados por la inversión y la iniciativa económica en el país, se traduzcan en "bienes y oportunidades que alcancen efectivamente a todos".

El valor de ayudarse unos a otros
"Entre las figuras del monumento encontramos también a una anciana encorvada, que avanza con dificultad apoyándose en un bastón", narró el Santo Padre, mientras señalaba que en torno a ese friso se observan figuras de diversas personas que se brindan apoyo entre sí.

"Quienes necesitaban apoyo para continuar formaban parte de aquel pueblo. Su pertenencia no dependía de la fuerza, la autonomía o la capacidad de aportar. Tampoco hoy puede medirse el valor de una persona por lo que produce, por su trabajo o por su capacidad de valerse por sí misma".

En este mismo orden, el Papa León admitió que las enfermedades, discapacidades, la exclusión, falta de empleo y la pérdida de la autonomía, pueden «hacer especialmente necesaria la ayuda de los demás»; para ilustrar esta perspectiva, el Sucesor de Pedro relató su experiencia tras haber estado sometido a «las limitaciones que impone la enfermedad», una realidad que atisba las dificultades que afligen a tantas personas que carecen de los medios "para obtener un diagnóstico oportuno o recibir los tratamientos que necesitan".

"La Iglesia desea colaborar con cuantos trabajan por aliviar el dolor cuando es posible y por sostener a la persona cuando este no puede ser eliminado. A esta tarea común aporta lo que le es propio: una esperanza que no se extingue cuando los recursos humanos encuentran su límite y que recuerda a quien atraviesa la prueba que su vida conserva siempre un sentido y un valor".

Asimismo, recordó a los fieles que muchas veces no se vislumbra el corazón y el sentir del prójimo, que puede llevar consigo un gran peso por la soledad, la angustia o la pérdida de la esperanza:

"Ante la dolorosa realidad del suicidio, la atención sanitaria, los vínculos familiares y la cercanía de la comunidad resultan inseparables. Nadie debería llegar a sentirse extraño entre los suyos ni pensar que su ausencia importa menos que su presencia".

La pluralidad que fundamenta la convivencia en Uruguay
Para concluir, el Santo Padre enfatizó que Uruguay mantiene, desde sus inicios, una convivencia entre personas de distintas procedencias, la cual se manifiesta en el conjunto de "creencias y convicciones de sus ciudadanos"; por ello, instó al Estado a "garantizar un espacio en el que creyentes y no creyentes puedan convivir con libertad y respeto, porque hay valores que son universales".

"Los relieves de este monumento se prolongan por las cuatro caras del pedestal [...]. En aquella multitud podemos reconocer algo que permanece en la vida del Uruguay: la responsabilidad de unos hacia otros, que permite a personas de distintas generaciones y condiciones continuar construyendo una historia común".

"Que Dios bendiga al Uruguay y que María Santísima, a quien este pueblo se confió en las horas de su nacimiento, siga acompañándolo a lo largo de su historia".