Homicidios aumentaron 20,7% en el tercer trimestre y crece la violencia con armas de fuego en Uruguay
- Oct 20 2026
Entre julio y setiembre de 2026 se registraron 111 víctimas de homicidio y 320 personas heridas por disparos, mientras que el total de delitos denunciados disminuyó un 2%. Los nuevos datos del Ministerio del Interior muestran un incremento de la violencia letal que también se refleja en el acumulado anual, con 312 homicidios en nueve meses. Montevideo concentra el aumento nacional y las armas de fuego mantienen una participación predominante en las muertes violentas.
Uruguay cerró el tercer trimestre de 2026 con un aumento del 20,7% en los homicidios dolosos consumados respecto del mismo período de 2025. Entre julio y setiembre se contabilizaron 111 víctimas, frente a las 92 registradas un año antes. La cifra también supera los 96 homicidios del tercer trimestre de 2024, con un incremento del 15,6%.
La actualización de los indicadores delictivos, publicada el 20 de octubre por el Área de Estadística y Criminología Aplicada (AECA) del Ministerio del Interior, presenta además otro resultado relevante: las personas heridas por disparos de armas de fuego aumentaron un 28% en la comparación interanual, al pasar de 250 a 320.
Ambos incrementos se produjeron en un período en el que las denuncias totales disminuyeron un 2%, lo que pone de manifiesto diferencias entre los indicadores generales de criminalidad y los vinculados a la violencia más grave.
La divergencia constituye uno de los aspectos centrales de los nuevos datos. Mientras que determinados delitos contra la propiedad presentan reducciones, los homicidios y las personas heridas por disparos muestran un deterioro que no se refleja en la cifra global de denuncias.
Un trimestre marcado por el aumento de las muertes violentas
La evolución mensual de los homicidios muestra que julio fue el mes con mayor número de víctimas, con 43, seguido de agosto, con 41. Setiembre cerró en 27, una reducción del 34,1% respecto del mes anterior.
Los dos primeros meses concentraron así 84 de los 111 homicidios registrados en el trimestre, lo que equivale a más de tres cuartas partes del total.
La disminución observada en setiembre constituye un cambio relevante respecto del comportamiento de julio y agosto. Sin embargo, no alcanzó para revertir el incremento trimestral ni permitió, por sí sola, determinar que se había iniciado una tendencia descendente.
El crecimiento de las personas heridas por armas de fuego presenta una evolución similar. Julio registró 112 víctimas, agosto, 117, y setiembre, 91. En conjunto, fueron 70 personas más que en el tercer trimestre de 2025 y 21 más que en el mismo período de 2024.
La importancia de considerar ambos indicadores radica en que reflejan distintas consecuencias de la violencia armada: por un lado, los homicidios consumados y, por otro, las personas que sobrevivieron a lesiones por disparos en hechos delictivos.
Aunque las cifras no permiten establecer que todos esos episodios respondan a las mismas circunstancias, el aumento simultáneo de los homicidios y de las personas heridas por armas de fuego confirma un agravamiento de estos indicadores durante el trimestre.
La información también muestra que ocho de las víctimas de homicidio eran menores de 18 años. La cantidad fue idéntica a la del tercer trimestre de 2025 y superior en un caso a la de 2024.
Los primeros nueve meses muestran un aumento que se profundizó durante el año
El resultado del tercer trimestre no constituye un fenómeno aislado en las estadísticas de 2026.
Entre enero y setiembre, Uruguay acumuló 312 víctimas de homicidio, frente a 275 en el mismo período de 2025 y 280 en el mismo período de 2024. Esto representa aumentos del 13,5% y del 11,4%, respectivamente.
La comparación también permite apreciar que el incremento se fue acentuando a medida que avanzaba el año.
Durante el primer trimestre de 2026 se contabilizaron 97 homicidios, en el segundo fueron 104 y en el tercero ascendieron a 111. La diferencia entre el primer y el último trimestre alcanza el 14,4%.
No obstante, el comportamiento de 2026 debe interpretarse en el contexto de una serie histórica que ha mostrado oscilaciones significativas. El registro acumulado supera los valores correspondientes al mismo período de los tres años anteriores, pero permanece por debajo de los observados en 2022, cuando se habían contabilizado 285 homicidios hasta setiembre, y de los de otros años con registros elevados.
La evolución muestra, por lo tanto, un deterioro reciente, sin que ello implique que se haya alcanzado un máximo histórico.
También aumentó el número de personas heridas por armas de fuego en el acumulado anual. Durante los primeros nueve meses de 2026 se contabilizaron 960, frente a 846 en 2025 y 900 en 2024.
Se trata de 114 víctimas adicionales respecto del año pasado, lo que representa un aumento del 13,5%. El incremento acompaña el crecimiento de los homicidios y confirma que la preocupación no se limita únicamente a los hechos que terminan con una muerte.
Montevideo explica el incremento nacional, pero el interior presenta realidades diferentes
La distribución territorial aporta otra dimensión fundamental para comprender las estadísticas.
Durante enero-setiembre de 2026, Montevideo registró 193 homicidios, frente a 155 en el mismo período de 2025. El incremento fue del 24,5%, equivalente a 38 víctimas adicionales.
La diferencia resulta especialmente significativa porque el aumento neto de homicidios en todo Uruguay fue de 37 víctimas. Es decir, el crecimiento registrado en la capital supera por sí solo el incremento nacional.
En el resto del país, en conjunto, el número de víctimas pasó de 120 a 119.
De esta manera, Montevideo concentró el 61,9% de los homicidios registrados en Uruguay durante los primeros nueve meses de 2026, frente al 56,4% que había representado en el mismo período de 2025.
La mayor concentración territorial indica que el agravamiento de la violencia homicida no se distribuyó de manera uniforme. Sin embargo, la estabilidad del interior, en términos agregados, no implica que todos sus departamentos hayan evolucionado favorablemente.
Los datos del primer semestre permiten advertir de esas diferencias.
Canelones pasó de 17 víctimas entre enero y junio de 2025 a 30 en el mismo período de 2026, un aumento del 76,5%. En Maldonado, los homicidios pasaron de 8 a 12, un aumento del 50%, mientras que en San José pasaron de 3 a 6.
En sentido contrario, Rivera registró una disminución de siete a una víctima y Durazno pasó de nueve a tres.
Estas variaciones ayudan a explicar por qué el resultado del interior, considerado como un único conjunto, puede ocultar evoluciones muy diferentes.
En Maldonado, además, la comparación histórica introduce un matiz: aunque los 12 homicidios del primer semestre de 2026 superaron los ocho de 2025, quedaron por debajo de los 17 registrados en el mismo período de 2024.
El dato permite distinguir entre un incremento respecto del año anterior y una evolución más prolongada, en la que los resultados no siguen necesariamente una trayectoria uniforme.
La existencia de realidades departamentales distintas también plantea la necesidad de analizar la violencia homicida de acuerdo con sus características territoriales, en lugar de interpretar el comportamiento nacional como si se reprodujera de la misma manera en todo Uruguay.
El peso de las armas de fuego y las circunstancias de los homicidios
La información acumulada hasta setiembre muestra que el 73,4% de los homicidios de 2026 fueron cometidos con armas de fuego.
La elevada participación de este medio adquiere una importancia particular al relacionarla con el aumento de las personas heridas por disparos y con los resultados del primer semestre.
En el informe oficial publicado en julio, las víctimas de homicidios cometidos con armas de fuego pasaron de 117 en el primer semestre de 2025 a 146 en el mismo período de 2026.
El aumento fue del 24,8%, considerablemente superior al incremento general de homicidios registrado en ese informe, que fue del 6,6%.
En cambio, los homicidios cometidos por otros medios disminuyeron de 66 a 49 durante el mismo período.
Esto indica que el crecimiento de las muertes violentas no se produjo de manera uniforme entre los distintos medios utilizados, sino que estuvo particularmente asociado al aumento de los homicidios con armas de fuego.
Las circunstancias aparentes de los hechos constituyen otro elemento relevante.
En los primeros nueve meses de 2026, el 53,8% de los homicidios se clasificó en la categoría de ajustes de cuentas o conflictos entre criminales, según la información policial disponible.
Los altercados espontáneos y conflictos diversos representaron el 8,3%, mientras que aproximadamente el 16% de los homicidios tenía circunstancias desconocidas o aún no determinadas.
Estos datos permiten aproximarse a las características de la violencia homicida, aunque no autorizan atribuir todos los hechos a una misma causa ni establecer responsabilidades individuales más allá de los resultados de las investigaciones judiciales.
La concentración de los homicidios en determinadas categorías y territorios muestra que, además de conocer cuántas personas fueron asesinadas, resulta fundamental identificar las circunstancias en que ocurrieron los hechos y los ámbitos en los que se produce la violencia.
Menos denuncias no significa menos violencia en todos los indicadores
El contraste entre la reducción general de las denuncias y el aumento de los homicidios constituye uno de los resultados más importantes de la actualización de AECA.
Durante el tercer trimestre de 2026 se contabilizaron 67.930 delitos denunciados, frente a 69.301 en 2025 y 73.199 en 2024.
La disminución fue del 2% respecto del año anterior y del 7,2% respecto de 2024.
Entre los delitos que registraron descensos se encuentran las rapiñas, cuyas denuncias pasaron de 3.729 a 3.650 en la comparación interanual. También disminuyeron los hurtos de vehículos, el abigeato, las extorsiones y los daños a la propiedad.
Sin embargo, tampoco se observa un comportamiento uniforme entre los delitos denunciados. Los hurtos aumentaron ligeramente durante el tercer trimestre, al igual que las lesiones y las amenazas.
Por eso, una reducción en el número total de delitos registrados no permite concluir que todas las modalidades delictivas hayan disminuido ni que la violencia haya retrocedido en la misma proporción.
Las estadísticas reflejan fenómenos con características y unidades de medida distintas. Los homicidios y las personas heridas por disparos se contabilizan por víctimas, mientras que buena parte de los demás indicadores registra denuncias o eventos delictivos.
Aun con esas diferencias metodológicas, la comparación permite identificar dos procesos simultáneos: una disminución del volumen general de denuncias y un aumento de los hechos que provocan muertes y lesiones con armas de fuego.
Esa distinción es fundamental para evaluar la evolución de la seguridad pública, porque el total de delitos no expresa por sí solo la gravedad de sus consecuencias.
El tercer trimestre de 2026 deja así un escenario que no admite una interpretación única: varios indicadores delictivos disminuyeron, pero los homicidios aumentaron; también crecieron las personas heridas por disparos y el acumulado anual muestra más víctimas que en los mismos períodos de 2024 y 2025.
El dato más significativo no es solo que Uruguay haya registrado 111 homicidios en tres meses, sino que ese aumento se dé mientras disminuye el volumen general de denuncias.
La diferencia obliga a mirar más allá de los balances globales. Porque un país puede registrar menos delitos denunciados y, al mismo tiempo, enfrentar un agravamiento de la violencia que mata y deja personas heridas.
Las nuevas estadísticas muestran precisamente esa realidad: la reducción de determinados delitos convive con una violencia homicida creciente, concentrada territorialmente y marcada por el uso de armas de fuego. Comprender por qué ambos fenómenos evolucionan de manera diferente es una cuestión central para evaluar la situación de seguridad en Uruguay y la respuesta del Estado ante sus manifestaciones más graves.












