IUA: 48 años de una comunidad que educa, contiene y deja huella
- Mar 17 2026
La Junta Departamental de Maldonado reconoció al Instituto Uruguayo Argentino en una sesión marcada por la memoria, la vocación y el sentido de pertenencia. Un reconocimiento que condensó casi cinco décadas de historia construida desde la educación y el compromiso con la comunidad.
No fue una sesión más. La noche del martes 17, la Junta Departamental de Maldonado se transformó en un espacio donde la formalidad institucional quedó en segundo plano y emergió algo más profundo: la reconstrucción colectiva de una historia compartida. A iniciativa del edil nacionalista Miguel Muto, el Instituto Uruguayo Argentino (IUA) fue reconocido por sus 48 años de trayectoria en un clima marcado por la emoción.
Desde el inicio, Muto situó el reconocimiento en una dimensión que trascendió lo protocolar. Lo ancló en el origen, en las personas y en el contexto que permitió el nacimiento del instituto. Recordó que se estaba distinguiendo a fundadores en vida de una institución educativa con 48 años de fecunda labor, “simiente en un clima social y parte activa del desarrollo del departamento y del país”, y situó ese comienzo en el Maldonado de fines de los años setenta, cuando el crecimiento de la población y la demanda de una educación multilingüe y de calidad abrieron espacio para un proyecto de esas características.
Su intervención avanzó sobre los hitos del crecimiento institucional, pero también sobre los elementos que definieron su identidad. Entre ellos, destacó la integración entre comunidades como uno de los rasgos fundacionales del IUA, al señalar que allí se gestó una articulación entre familias uruguayas y argentinas que resultó importante en la historia de Punta del Este y del departamento.
En ese recorrido, el edil incorporó, además, una dimensión humana que atravesó toda su exposición: el reconocimiento a personas concretas que formaron parte de esa historia. Mencionó a “incansables docentes” como Susana Tizze y Alicia Álvarez, al maestro Homero Burgueño y a Ariel Tassano, sobrino de Alfredo. También evocó a Alicia Miller, a quien recordó con especial sensibilidad al señalar que una "enfermedad terrible" se la llevó muy joven. A ese mapa afectivo sumó al matrimonio de Susana Simoncelli, por sus muchos años de trabajo en el área de inglés, y Héctor Blás, a quien definió por su simpatía y su presencia animadora en las jornadas de padres.
Muto repasó luego la amplitud de las iniciativas que el instituto desplegó a lo largo del tiempo, no solo en el plano estrictamente académico, sino también en los planos social, cultural y comunitario. En esa enumeración aparecieron la huerta hidropónica y el invernáculo donde alumnos de escuelas públicas reciben orientación para desarrollar sus propios cultivos; la experiencia de la lana en el taller de tejido y telar; la producción de mermeladas y la elaboración pedagógica de vino artesanal; y el mariposario, convertido hoy en laboratorio de ciencias con vivero, área de vuelo y un jardín de flora específica para la cría de especies, en especial la mariposa monarca.
También recordó los proyectos de educación vial, el trabajo de estudiantes de secundaria con otras escuelas para generar conciencia sobre el tránsito, la experiencia de Radio IUA desde 1999, el coro de padres que participó en el acto y la orquesta infantil, además de los programas de reciclaje que se articulan con Socobioma y promueven el cuidado de la biodiversidad.
A esa trama se sumaron las acciones solidarias sostenidas por la comunidad educativa, como la cooperativa que, desde 1996, promueve la formación cívica y el esfuerzo colectivo, las campañas de abrigo, la asistencia ante inundaciones o sequías, las visitas a dependencias del INAU, la entrega de regalos en barrios carenciados y los vínculos intergeneracionales con hogares de ancianos. En la misma línea, resaltó el compromiso del instituto con el patrimonio cultural y artístico, la reconstrucción de la histórica Comercial del Este, el Banco de Historias Locales, con miles de páginas a disposición de la comunidad, y la labor editorial de IUA Ediciones, con publicaciones vinculadas directamente al desarrollo de Maldonado y su región.
Ese bloque final del discurso tuvo, además, una derivación concreta hacia el presente institucional de la propia Junta. Muto dejó planteada la inquietud por recrear los Foros Juveniles de Educación Media, una iniciativa promovida en su momento por la institución ahora reconocida. Recordó que durante cinco años, las asambleas representativas integradas por liceales del departamento analizaron los problemas de su comunidad y buscaron soluciones desde una práctica cívica temprana, con la participación de ediles, docentes, padres y actores sociales. Subrayó que aquellos foros fueron recomendados por la Inspección de Educación Social y Cívica y que no volvieron a implementarse desde 2002 por motivos ajenos al ámbito educativo, por lo que planteó dejar los antecedentes a disposición para una eventual revisión y puesta en marcha.
El cierre de su intervención condensó el sentido más profundo del reconocimiento. Allí remarcó que educar, ya sea en el ámbito público o en el privado, implica construir patria, sociedad y valores, y supone dar a hijos y nietos la mejor instrucción posible depositando la confianza en los docentes. Desde esa idea enlazó una reflexión sobre la Constitución, al advertir que muchas veces se tiende a leer solo la mitad de algunos de sus artículos, y mencionó en particular aquel que establece que todos son iguales ante la ley, “a excepción de los talentos y virtudes”. Según planteó, justamente de eso se trataba el reconocimiento de esa noche: de los talentos y las virtudes puestos al servicio de una obra educativa sostenida durante décadas.
Tras su exposición, la palabra se abrió al resto del cuerpo en un reconocimiento transversal. Intervinieron Andrea Vicentino, Eduardo Elinger, Pablo Cícero, Romina Rodrigo, Leonardo Moreira y Fabricio Rodríguez, quienes, desde distintas miradas, coincidieron en destacar el rol del instituto en la formación de personas, el acompañamiento a las familias y su compromiso sostenido con la sociedad. Las intervenciones reforzaron la idea del IUA como una institución que ha trascendido el ámbito educativo para integrarse plenamente en el tejido social, cultural y comunitario de Maldonado.
La voz del colegio: pertenencia, memoria y proyección
El acto incorporó luego la palabra de quienes integran y sostienen el proyecto educativo, mediante intervenciones en las que el reconocimiento institucional se transformó en una reflexión sobre la identidad del IUA.
La directora Mónica Suárez eligió poner el acento en aquello que no siempre se ve, pero que, a su entender, constituye la esencia del colegio: el sentido de pertenencia. Señaló que en el IUA no solo se comparten jornadas de trabajo, sino también momentos decisivos de la vida, tanto felices como difíciles, y que es precisamente allí donde valores como la empatía, la tolerancia, la solidaridad y el compañerismo dejan de ser palabras y pasan a vivirse con intensidad. Para Suárez, ese entramado humano forma parte del cimiento del proyecto y remite, en última instancia, a la vocación auténtica con la que Mirna Palacios fundó el instituto.
Uno de los momentos más significativos llegó con la lectura del mensaje de la maestra fundadora, Mirna Palacios, transmitido por Gabriela Tassano. El texto tuvo un tono íntimo y, al mismo tiempo, colectivo. Mirna expresó la profunda emoción que le provocaba recibir ese reconocimiento y sostuvo que, al mirar hacia atrás, comprendía con más claridad que los proyectos nunca pertenecen a una sola persona, sino que son el resultado de muchas manos, muchos corazones y un mismo sueño. Desde allí volvió sobre la idea inicial que dio origen al colegio: crear un lugar donde cada niño fuera mirado con atención, respeto y cariño.
En ese mensaje, la fundadora además hizo un repaso de gratitudes concretas. Recordó especialmente a tres figuras que se sumaron en los primeros tiempos y que consideró fundamentales en el camino del instituto: la maestra Alicia Álvarez, la profesora de inglés Susana Simoncelli y la profesora de música Ana María Bondanza. De ellas destacó el talento, el compromiso y, sobre todo, el amor por la educación. Extendió luego ese agradecimiento a directivos, docentes, profesores y al personal no docente que, a lo largo de los años, dejaron su huella en las aulas, en los alumnos y en la identidad del colegio. También valoró a quienes hoy llevan adelante el proyecto, por mantener vivo el espíritu del IUA y proyectarlo hacia el futuro, y compartió el reconocimiento con todas las personas que han sido y siguen siendo parte de esa comunidad educativa.
El cierre estuvo a cargo de Alfredo Tassano, en una intervención atravesada por la emoción, la memoria y una idea de responsabilidad hacia adelante. Agradeció a las autoridades de la Junta, al edil proponente, a los ediles, a las autoridades departamentales presentes y al público que acompañó el acto, y definió el reconocimiento como una instancia que emociona, motiva y compromete. Sostuvo que esa demostración pública no solo reafirma la tranquilidad de haber hecho las cosas bien, sino que también obliga a seguir adelante con el mismo empuje y el mismo entusiasmo.
Tassano llevó su intervención a un terreno especialmente significativo: el vínculo histórico entre el colegio y la Junta Departamental. Recordó el trabajo realizado en los años noventa para identificar a los integrantes de la primera asamblea representativa de Maldonado a partir de una fotografía centenaria, una investigación que, según explicó, demandó años de búsqueda y articulación con distintas personas hasta lograr reconocer 26 de las 27 figuras, e incluso completar luego la identificación faltante. Ese proceso, señaló, derivó en otros dos proyectos decisivos para la institución: el Banco de Historias Locales y los foros juveniles. Sobre estos últimos, reafirmó la importancia de que la Junta considere retomarlos, al entender que fueron una experiencia muy valiosa de formación cívica para los jóvenes del departamento.
En ese marco, Tassano también hizo entrega a la Junta del cuadro con la fotografía numerada y asociada a los nombres de los integrantes de aquella asamblea, junto con un ejemplar del libro editado por el IUA, Maldonado y su Región. Pero por encima de esos gestos materiales, su intervención dejó una definición de fondo: mientras no llegue el olvido, todavía hay vida en la memoria de una comunidad. Desde esa convicción enlazó pasado, presente y futuro del instituto, reafirmando que el reconocimiento recibido esa noche no clausura un recorrido, sino que lo renueva.
El reconocimiento culminó con la entrega de un presente institucional y la actuación del coro de padres y funcionarios del colegio, en un cierre que sintetizó el espíritu de toda la jornada.
Porque lo que se puso en valor no fue únicamente una trayectoria educativa, sino algo más profundo: una comunidad que, durante 48 años, ha sabido educar, acompañar y dejar una huella persistente en la identidad de Maldonado.











