De un autobomba de 1956 a 258 intervenciones: cinco años de los Bomberos Voluntarios de José Ignacio
- Sep 10 2026
Lo que nació como respuesta vecinal ante una carencia crítica de la zona se convirtió en un servicio permanente que hoy interviene en emergencias tanto dentro como fuera de José Ignacio. Integrada por unas 25 personas que trabajan de forma voluntaria y sin remuneración, la brigada fue reconocida esta semana por la Junta Departamental, donde quedó expuesta la dimensión que alcanzó en menos de cinco años y el nuevo paso que dará con la incorporación de un camión cisterna de 8.500 litros.
El martes 8, cuando llegaron a la Junta Departamental para recibir el reconocimiento, los Bomberos Voluntarios de José Ignacio venían de una emergencia. Desde las 5 de la mañana habían trabajado en el incendio de una vivienda en La Juanita: la casa fue destruida, pero lograron contener el fuego y evitar que las llamas alcanzaran propiedades linderas. Diego Machado (PN), el edil que promovió el reconocimiento al inicio de la actual legislatura, abrió su intervención con ese episodio ocurrido apenas unas horas antes.
La delegación estuvo encabezada por el jefe de la brigada, Joaquín Ruibal, y el subjefe, Martín Cuinat; junto a ellos también estuvieron Eduardo Barrios, Gastón Carrau, José Subirana, Juan Aispurú, Federico Racci, Andrés Viñales, Nora Varón, César Valdéz, Camilo Dimet, Gonzalo Torres, Lucrecia Abalos y Marcelo Bentancur.
El 19 de octubre la brigada cumplirá cinco años. En ese período realizó 362 salidas: 258 correspondieron a intervenciones y 104 a falsas alarmas, que también implicaron la movilización del equipo. Los llamados no se limitan a incendios: también han respondido a siniestros de tránsito, caídas de árboles y otras emergencias.
Tampoco actúan únicamente en José Ignacio. Han sido convocados en Balneario Buenos Aires, La Bota y Punta del Este —participaron, por ejemplo, en el operativo por el incendio del Punta Shopping— y llegaron incluso a cruzar el límite departamental para colaborar en incendios en Rocha.
Machado recordó, además, intervenciones en las que el riesgo afectó directamente a los propios voluntarios. Después de varios días de temporal, salieron pasada la medianoche a retirar árboles caídos de un camino que conecta las rutas 9 y 10. “Cuando cae un pino, puede caer otro inmediatamente”, señaló al describir las condiciones en las que trabajaron.
También evocó el incendio en el restaurante La Susana, en el que integrantes de la brigada combatieron las llamas desde el techo. “Han expuesto su propia vida para el bien común”, resumió.
Ese despliegue se mantiene disponible las 24 horas del día, los 365 días del año. Cuinat puso el acento en lo que implica mantenerla cuando quienes responden a cada llamado son voluntarios que tienen, además, sus trabajos y sus familias. “No es fácil acompañar lo que hacemos”, dijo, aludiendo a quienes quedan atrás cada vez que una emergencia obliga a redefinir las prioridades familiares y personales.
La tarea tampoco termina cuando se apaga un incendio. Los voluntarios participan en rescates y siniestros, pueden prestar la primera asistencia cuando otros servicios de emergencia demoran y ofrecen gratuitamente cursos de primeros auxilios y reanimación a los vecinos. Actualmente son alrededor de 25 y su área habitual de cobertura se extiende desde Manantiales hasta Pueblo Garzón.
La brigada nació, precisamente, después de un incendio que dejó al descubierto las dificultades de la zona para enfrentar una emergencia de gran magnitud. Tres comercios de José Ignacio fueron destruidos en una misma madrugada. El destacamento de Bomberos más cercano se encontraba a más de 40 minutos y fueron los propios vecinos quienes intentaron contener el fuego con los recursos disponibles; hasta el agua debieron salir a pedirla prestada. Ruibal perdió entonces su restaurante y la inmobiliaria familiar.
Después de aquel incendio consiguió un viejo autobomba de 1956 y comenzó a reunir a vecinos dispuestos a construir una respuesta que hasta entonces no existía. Cuinat recordó desde adentro cómo empezó aquella convocatoria: “Joaquín apareció un día con un camión y él desde arriba nos empezó a llamar a ver quién se subía y salíamos a hacer lo que pudiéramos”. De ese núcleo nació la brigada que, cinco años después, mantiene un servicio permanente.
El crecimiento se sostuvo también con recursos reunidos por la propia comunidad. Rifas, donaciones y aportes permitieron financiar vehículos y otros elementos necesarios para ampliar la capacidad de respuesta. La distancia entre aquella autobomba de 1956 y el equipamiento actual mide, en buena parte, un proceso construido por los propios voluntarios y por los vecinos que los respaldaron.
La falta de agua que condicionó el incendio que estuvo en el origen de la brigada vuelve ahora a enlazar aquella historia con su próximo paso. La Junta otorgó recientemente la anuencia necesaria para incorporar un camión cisterna de 8.500 litros, que permitirá contar con una reserva propia de agua para emergencias en lugares donde disponer rápidamente de agua puede resultar determinante.
Ruibal agradeció al equipo y a su familia, y tuvo una mención especial para un compañero que no había podido acompañarlos esa noche. “A uno de los bomberos que lastimosamente tuvo un accidente hoy, a Yamandú Silva, que no puede estar acá presente”, dijo.
Cuinat puso el cierre desde otro lugar: el entramado que permite que esa respuesta funcione cada vez que llega un llamado. Agradeció a las familias, a los vecinos, a la Liga de José Ignacio —que, señaló, los acompaña desde el comienzo— y a la Policía, con cuyos efectivos trabajan “codo a codo” durante las intervenciones. Pero antes que nada habló de los propios voluntarios: “Si no fuera por ellos nosotros no pudiéramos haber estado estos cinco años, 365 días al año, 24 horas al día a disposición y con el servicio”. Y resumió el sentido de esa tarea en una frase: “Aquí estamos para apoyar y para servir a nuestros vecinos y a la comunidad”.
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