Balotaje: Perú elige a su noveno presidente en diez años
- Jun 04 2026
El 7 de junio tiene lugar la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Perú. Los candidatos disputan una elección marcada por la desconfianza hacia la política, la inseguridad y la crisis institucional.
Nueve presidentes en diez años. Esa cifra resume mejor que cualquier otra el estado de la política peruana. El 7 de junio de 2026, los ciudadanos vuelven a las urnas para elegir entre Keiko Fujimori, líder de Fuerza Popular, y Roberto Sánchez, candidato de Juntos por el Perú. Más allá de quién gane, la elección se desarrolla en un contexto de profunda desconfianza hacia las instituciones, fragmentación política y creciente preocupación por la inseguridad.
Para muchos observadores, la pregunta central no es solamente quién ocupará la presidencia, sino si Perú será capaz de salir del ciclo de crisis política que ha caracterizado la última década.
La primera vuelta dejó al descubierto el deterioro del sistema político peruano. Keiko Fujimori llega al balotaje con apenas el 17 por ciento de los votos válidos y Roberto Sánchez con cerca del 12 por ciento, cifras que evidencian la fragmentación de un sistema en el que participaron 35 aspirantes presidenciales. El resultado ilustra hasta qué punto los dos finalistas carecen de respaldo amplio y llegan a la segunda vuelta en medio de una profunda crisis de representación.
Para Alonso Cárdenas, profesor de Ciencia Política de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya, la raíz del problema es más profunda que una simple disputa electoral. "Hay un desprestigio generalizado con la clase gobernante", comenta Cárdenas a DW. Según el politólogo, el rechazo alcanza al Congreso, la Presidencia, y el Poder Judicial. "Es un proceso de implosión del sistema de representación política muy grave".
La investigadora Johanna Pieper, del Instituto Alemán de Estudios Globales y Regionales (GIGA), coincide en que la elección refleja una crisis de larga duración. "La población simplemente no está feliz ni satisfecha, no tiene confianza en la política, en el Gobierno ni en el Congreso", señala Pieper a DW. Además, observa una sociedad dividida entre Lima y las regiones históricamente relegadas, especialmente la zona andina.
La candidatura de Keiko Fujimori vuelve a colocar al fujimorismo en el centro de la política peruana. Hija del expresidente Alberto Fujimori, Keiko continúa siendo una de las figuras más influyentes y también más polarizadoras del país.
El politólogo Fernando Tuesta escribió recientemente en la plataforma X que "lo único permanente desde hace quince años es Keiko Fujimori, que ha hecho que la política y las elecciones se articulen alrededor de ella y del fujimorismo".
Según Tuesta, la fuerza del fujimorismo es innegable, pero también lo es la resistencia que genera. Para Pieper, ese rechazo sigue siendo un factor determinante. "Creo que no disminuye", destaca sobre el antifujimorismo. Y recuerda que Fujimori solo obtuvo el 17 por ciento en la primera vuelta y que ya perdió tres balotajes anteriores. "Muchos peruanos son conscientes de que el partido de Keiko Fujimori ha contribuido a la inestabilidad del país".
En términos económicos, Fujimori defiende el modelo vigente de mercado, pero Pieper advierte que también representa posiciones iliberales y que existe preocupación por una posible ampliación de las redes de influencia política sobre las instituciones.
Si gana, probablemente contará con una posición relativamente sólida gracias al respaldo de aliados en el Congreso, pero una victoria no eliminaría las tensiones sociales. Tuesta advierte que, incluso con mayoría parlamentaria, una presidencia de Fujimori "nacería con una legitimidad estrecha y una oposición que no tendría que construirse: ya existe".
Frente a Fujimori aparece Roberto Sánchez, una figura mucho menos conocida fuera de Perú. Su candidatura ha evolucionado durante la campaña.
Pieper recuerda que inicialmente planteaba una mayor intervención estatal en la economía, cuestionaba el modelo neoliberal y defendía una nueva Constitución. Sin embargo, durante la segunda vuelta presentó un programa más moderado, basado en consensos con otras fuerzas políticas, que enfatiza la estabilidad macroeconómica, la independencia del Banco Central y la promoción de la inversión privada.
Para Cárdenas, si Sánchez llega a la presidencia podría seguir una trayectoria similar a la de Ollanta Humala (presidente desde 2011 hasta 2016), desplazándose hacia posiciones más centristas y pragmáticas. "No creo que se vaya al chavismo más radical", sostiene.
Pero gobernar sería complicado para él. Sánchez tendría que convivir con un Congreso donde el fujimorismo y otras fuerzas conservadoras tienen una posición relevante. Pieper considera que "la probabilidad de que fuera un presidente débil sería alta" y que necesitaría construir alianzas para sobrevivir políticamente.
Aunque la campaña electoral ha estado marcada por la confrontación política, los problemas que más preocupan a la ciudadanía son otros. "La inseguridad es actualmente la principal preocupación de la población", señala Pieper. Tanto Fujimori como Sánchez, añade, tendrán que demostrar que pueden enfrentar el crimen organizado y la violencia.
Cárdenas describe un panorama especialmente preocupante. Habla de un Estado con presencia limitada en amplias zonas del territorio, mientras fenómenos como las extorsiones, el sicariato y la minería ilegal ganan terreno. También alerta sobre el deterioro de servicios básicos como la salud y la educación.
Las diferencias entre ambos candidatos también podrían reflejarse en política exterior. Según Cárdenas, una presidencia de Sánchez probablemente buscaría acercarse a Brasil y México, especialmente a los Gobiernos de Luiz Inácio Lula da Silva y Claudia Sheinbaum.
Fujimori, en cambio, tendría afinidades mayores con gobiernos conservadores y una relación más cercana con Washington. Cárdenas considera que sería bienvenida por líderes como Javier Milei (Argentina) o Daniel Noboa (Ecuador), y mantendría una posición más distante respecto a México.
Pieper coincide en que Fujimori tendría probablemente una cooperación más fluida con Estados Unidos, mientras que un gobierno de Sánchez podría encontrar mayores dificultades en esa relación.
Independientemente del resultado, pocos expertos creen que la votación ponga fin de inmediato a la crisis política.
Pieper advierte que los partidos siguen siendo demasiado débiles y que, si la frustración social continúa creciendo, existe el riesgo de que aparezcan figuras aún más radicales y antisistema.
Por ello, el desafío para el próximo presidente será mucho mayor que ganar una elección. Tendrá que reconstruir la confianza en instituciones que buena parte de la ciudadanía percibe como alejadas de sus necesidades y demostrar que el sistema democrático todavía puede ofrecer respuestas a los problemas cotidianos de los peruanos.
DW
Foto: Paolo Aguilar / EFE












