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Amenazas en liceos: edil blanco pidió leer la crisis más allá de la respuesta policial

Amenazas en liceos: edil blanco pidió leer la crisis más allá de la respuesta policial

En medio de los episodios registrados en centros educativos de Maldonado, el edil nacionalista Fabricio Rodríguez llevó el tema a la Junta Departamental y planteó que las amenazas no deben interpretarse solo como hechos aislados o policiales, sino como expresión de un problema educativo y social más amplio.

Las amenazas de supuestos tiroteos en centros educativos —que en los últimos días activaron operativos policiales, inspecciones y la identificación de menores en Maldonado— ingresaron este martes al ámbito político con un planteo que buscó desplazar el eje del análisis.

Durante la media hora previa de la Junta Departamental, el edil del Partido Nacional, Fabricio Rodríguez, sostuvo que estos episodios “no son una picardía, no son una travesura, no son una broma pesada”, sino hechos que “alteran la tranquilidad pública, siembran miedo en estudiantes, familias y docentes y lesionan la confianza en la institución educativa como espacio seguro”.

A partir de esa base, el legislador planteó que el enfoque no puede limitarse a la respuesta inmediata. “Si nos quedamos solamente en la indignación inmediata o en señalar a dos o tres adolescentes, estaremos condenando los síntomas mientras protegemos las causas”, afirmó.

En esa línea, propuso una lectura más amplia del fenómeno y apuntó al rol de la sociedad adulta. “A esta altura deberíamos dejar de juzgar a los adolescentes antes de juzgarnos a nosotros mismos como sociedad”, señaló, al tiempo que advirtió que los jóvenes “no nacen en una cápsula moral”, sino que reflejan los valores, conductas y límites del entorno en el que se forman.

El núcleo de su intervención vinculó estos episodios con un proceso más amplio que, según su planteo, afecta al sistema educativo. Rodríguez sostuvo que la educación “ha ido perdiendo centralidad material, simbólica y cultural” y que hoy se la mira cada vez más como un “dispositivo de contención, de asistencia o de amortiguación social”, lo que —a su entender— termina por desdibujar su función principal: la enseñanza.

“El liceo no fue creado para sustituir a la familia ni para cargar con todos los fracasos culturales de una sociedad”, afirmó, y agregó que cuando se le exige cumplir múltiples roles simultáneamente, “corre el riesgo de no poder cumplir cabalmente con lo más importante: su misión esencial”.

Bajo ese enfoque, el edil sostuvo que las amenazas en centros educativos no pueden analizarse únicamente desde la seguridad. “Son también un síntoma educativo y, sobre todo, un síntoma social”, afirmó, al advertir que reflejan “una sociedad que ha ido corriendo a la educación de su centro y después le exige que ordene lo que ya no ordenan ni la familia ni la cultura común”.

La exposición incorporó, además, una crítica al sentido de algunas políticas públicas recientes, al señalar que el énfasis en herramientas de asistencia o de estímulo a la permanencia puede implicar “un corrimiento del valor de la educación como deber y como eje formativo”, en un contexto donde —según planteó— “las palabras pesan menos, las responsabilidades se diluyen y los límites se vuelven difusos”.

Más allá de la posición política, la intervención introdujo en la discusión departamental una lectura que amplía el foco sobre un fenómeno que, hasta ahora, había sido abordado principalmente desde la órbita policial y la gestión inmediata de cada episodio.

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