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Blás contra el cupo en la música para mujeres y disidencias: “Larbanois, Carrero y Graciela Bianchi, que canta bonito”

Blás contra el cupo en la música para mujeres y disidencias: “Larbanois, Carrero y Graciela Bianchi, que canta bonito”

El senador por Maldonado rechazó el proyecto aprobado este miércoles por el Senado y cuestionó que el Estado condicione su apoyo a espectáculos musicales a la integración de sus grillas. “No se puede cuotificar” el arte, sostuvo, y calificó la iniciativa como un “mamarracho jurídico, social y fundamentalmente artístico”.

“Estela Raval y Los Cinco Latinos. Debería ser Estela Raval, tres latinos y dos latinas”. Rodrigo Blás eligió ese ejemplo para llevar al terreno concreto uno de los principales argumentos con los que este miércoles rechazó en el Senado el proyecto que regula la participación de mujeres y disidencias en determinados espectáculos musicales.

El legislador abrió su intervención señalando, desde el comienzo, el terreno político desde el que cuestionaría la iniciativa. “Yo no soy woke. No me gusta esa agenda de imponer o tratar de acomodar diferencias en función de imposiciones legales que terminan favoreciendo a un grupo o a otro”, afirmó. Y enseguida agregó: “Tampoco soy discriminador”. Para Blás, combatir la discriminación supone garantizar “las mismas oportunidades para todos” y no generar mayores oportunidades para determinados colectivos.

Blás dijo comprender qué persigue la iniciativa, pero marcó una diferencia de fondo con el camino elegido. “Entiendo el concepto del proyecto, no lo comparto, no lo comparto de punta a punta en su filosofía, mucho menos en su estructuración”, sostuvo, y advirtió además que algunos aspectos que considera problemáticos desde el punto de vista legal podrían generar dificultades en su implementación. A partir de allí desarrolló el eje que atravesó toda su intervención: su rechazo a que el Estado utilice cupos vinculados a sus apoyos o beneficios para intervenir en la composición de las grillas artísticas.

Su cuestionamiento central estuvo dirigido a lo que definió como la pretensión de “cuotificar el arte”.

“El arte es la cuna de la libertad, de la expresión individual, colectiva y completamente subjetiva”, sostuvo. Para Blás, introducir una cuota obligatoria en ese terreno supone “objetivizar” aquello que por naturaleza es subjetivo y constituye una de “las herejías más grandes” que se pueden cometer respecto de la actividad artística.

Fue entonces cuando desplegó una serie de ejemplos, utilizando deliberadamente el absurdo para explicar las consecuencias que atribuye al proyecto.

Además de plantear el ejemplo de Estela Raval y Los Cinco Latinos, se preguntó qué ocurriría con Los Beatles si fueran uruguayos y estuvieran alcanzados por la norma.

“Cuatro tipos que con capacidad se unieron en función de sus capacidades”, señaló, antes de sostener que deberían “buscar una telonera o agregar dos mujeres” para poder ser auspiciados por el Estado. Luego mencionó a Larbanois & Carrero y sumó, en tono irónico, a la senadora Graciela Bianchi: “Que canta bonito”.

“¿Cómo nos metemos a cuotificar por sexo el arte?”, preguntó. A su entender, el éxito de una propuesta musical depende de las capacidades de quienes la integran y de la elección del público, mientras que la iniciativa introduce, cuando existe participación estatal, una condición vinculada a la composición de la grilla. También se preguntó por qué, si el fundamento es atender a colectivos postergados, el criterio debería limitarse a determinados grupos y no extenderse a otras minorías o condiciones.

Blás puso asimismo el foco en situaciones de menor escala que, según su interpretación del proyecto, también podrían quedar alcanzadas. Como ejemplo, planteó un espectáculo benéfico organizado para recaudar fondos para una persona que necesita una operación y en el que una intendencia colabora aportando escenario y sonido.

Según argumentó, si cuatro hombres aceptaran cantar gratuitamente y no se consiguiera la participación necesaria de mujeres, el evento podría igualmente incumplir las exigencias previstas por la iniciativa pese a su finalidad solidaria y al carácter gratuito de las actuaciones. Con ese ejemplo cuestionó que las consecuencias del régimen puedan alcanzar no solamente a grandes espectáculos sino también a actividades apoyadas de alguna manera por organismos públicos.

Su crítica se extendió más allá de la música. Blás advirtió sobre lo que considera el riesgo de trasladar en el futuro criterios similares a otras manifestaciones culturales y volvió a recurrir al absurdo para exponer su argumento.

“¿Qué tengo que hacer yo para leer tres García Márquez seguido? ¿Encajar en el medio un Isabel Allende o cumplo algo?”, preguntó. Luego llevó el planteo a la pintura: “¿Bajamos tres Picassos y subimos alguno de una mujer para cumplir una cuota mañana?”.

Para el senador, el problema reside precisamente en trasladar una lógica de composición obligatoria a ámbitos determinados por la sensibilidad, el gusto y la elección. “Meter al Estado en ese dirigismo de hacia dónde tienen que ir las cosas, sobre todo a las cosas que hacen a la sensibilidad, a la libertad, a la expresión de la emoción, que eso es el arte, es sumamente peligroso”, afirmó. “Más allá de la intención, que la entiendo, es sumamente peligroso. Es un camino que no se debe recorrer”.

Blás también dedicó parte de su intervención a cuestionar aspectos jurídicos y de aplicación del proyecto. Objetó la responsabilidad que, según señaló, puede recaer sobre quienes participan de la organización, aunque no tengan incidencia directa en la conformación de la grilla, y se preguntó cómo operarían las sanciones cuando entre los involucrados se encuentran organismos del propio Estado o gobiernos departamentales.

“¿El Estado multa al propio Estado?”, planteó al desarrollar el caso de una intendencia que eventualmente incumpliera las condiciones previstas. También cuestionó el alcance de una sanción que, de acuerdo con su interpretación del articulado, impediría acceder durante un año a recursos estatales y sostuvo que el régimen genera problemas cuando quienes organizan o respaldan los espectáculos son precisamente organismos públicos.

Otro de los puntos en los que concentró sus críticas fue la inclusión de las disidencias. Blás cuestionó cómo se determinaría esa condición a efectos de cumplir el cupo y planteó que una persona podría verse obligada a explicitar su orientación sexual para ser contabilizada.

“Yo que no quiero decir mi orientación sexual, ¿tengo que venir a declararla para poder cumplir la ley?”, preguntó. Nuevamente recurrió a ejemplos conocidos y contrapuso las situaciones de Ricky Martin y Chacho Ramos.

“Ricky Martin cumple por sí solo, que se ha declarado. Ahora Chacho Ramos tiene que salir a buscar mujeres para poder cumplir”, sostuvo. Y agregó que también podría tener que encontrar “algún disidente que esté dispuesto a decir que soy disidente”.

“¿Registro de disidentes vamos a hacer?”, cuestionó.

Al final de su intervención, Blás volvió al fundamento político de su oposición y rechazó que la defensa de un colectivo se traduzca, a su entender, en colocar a determinados grupos por encima de otros.

“Esta ley es un mamarracho jurídico, social y fundamentalmente artístico”, afirmó. Advirtió, además, sobre lo que considera una puerta que, una vez abierta, puede extenderse a otros ámbitos y cerró con una de las definiciones más duras de su intervención: “Esto es un atentado a la cultura, a la libertad, al arte”.

“Es técnicamente eso, por más que no quieran hacerlo, es lo que se está logrando. En ese sentido, es imposible votarlo”, concluyó.

Tras la sesión, el senador volvió sobre el tema en sus redes sociales y allí sintetizó el criterio que había desarrollado en sala: “Nos oponemos a que el Estado condicione su apoyo a los espectáculos musicales al cumplimiento de cuotas obligatorias de mujeres y ‘disidentes sexuales’”.

“El arte es una manifestación de libertad y expresión humana. No se puede cuotificar”, señaló. Para Blás, igualdad significa “no discriminar” y, por tanto, “ni perjudicar ni favorecer a nadie por su sexo, género u orientación sexual”.

“El Estado debe abrir oportunidades, no decidir cómo se integra un escenario”, concluyó.

El proyecto recibió este miércoles la aprobación de la Cámara de Senadores y será comunicado a la Cámara de Representantes para continuar su trámite parlamentario.

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