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Buen vínculo con el FA, pero sin “perder pilchas por el camino”: Casaretto quiere un Maldonado que se plante y le exija al gobierno nacional

Buen vínculo con el FA, pero sin “perder pilchas por el camino”: Casaretto quiere un Maldonado que se plante y le exija al gobierno nacional

El diputado defendió el relacionamiento de Miguel Abella con el gobierno de Yamandú Orsi y rechazó las críticas que lo consideran demasiado cercano al Frente Amplio, aunque advirtió que el diálogo no puede hacer perder de vista el peso del departamento ni lo que este necesita. Aseguró que las obras y recursos nacionales “no son regalos” ni “favores”, definió al intendente de Maldonado como “uno de los hombres más poderosos del Uruguay” y también analizó el escenario interno del Partido Nacional luego de los tres gobiernos de Enrique Antía.

El buen relacionamiento que el intendente Abella mantiene con el gobierno nacional no representa un problema para Federico Casaretto. Puede reunirse las veces que sean necesarias con ministros, entenderse con el Frente Amplio y evitar enfrentamientos que no conduzcan a nada. El límite aparece, para el diputado blanco, si esa buena sintonía termina debilitando la posición desde la que Maldonado reclama lo que necesita.

“Mientras no dejemos de ser lo que somos, mientras no perdamos pilchas por el camino, no hay ningún tipo de problema mientras Maldonado logre lo que tiene que lograr”, sostuvo en el ciclo de entrevistas de Punta News y Canal 2HD San Carlos.

El planteo surgió a partir de los distintos roles que desempeñan intendentes y legisladores de un mismo partido cuando el gobierno nacional está en manos de la oposición. Casaretto sostuvo que un jefe departamental necesita gobernar, ejecutar y construir un buen vínculo con los ministerios, mientras que los parlamentarios tienen entre sus responsabilidades controlar al Poder Ejecutivo y confrontar cuando lo consideran necesario.

“Zapatero a tus zapatos”, resumió. “Un intendente tiene que gobernar, tiene que ejecutar, tiene que tener buen vínculo con los ministerios; bienvenido sea que acuerden y que concreten cosas. Los legisladores tenemos que hacer las leyes, tenemos que representar al departamento donde estamos y tenemos que controlar al Ejecutivo y no podemos abdicar de esas cosas”.

Esa diferencia, señaló, hace natural que los legisladores tengan más choques con el gobierno nacional que un intendente. Pero al definir desde qué posición debería relacionarse Maldonado con el poder central, Casaretto recurrió a una referencia histórica: Domingo Burgueño Miguel.

Recordó al exintendente llegando a la Presidencia y plantándose desde la condición de conducir, según sus palabras, “el departamento más rico del país y el más poderoso del país”. “Exigía cosas y no andaba con medias tintas”, afirmó.

Para Casaretto, detrás de aquella actitud hay una concepción que sigue vigente: lo que el gobierno nacional invierte en Maldonado no debe presentarse como una concesión. “Maldonado le genera muchísimos recursos al Uruguay; por lo tanto, cuando vienen los ministros aquí y firman determinados convenios y concretan determinadas obras, no son regalos que nos están haciendo, no son favores que nos están haciendo”.

Abella, el Frente Amplio y las críticas dentro del propio nacionalismo
Durante la entrevista, Punta News puso sobre la mesa cuestionamientos que circulan entre sectores del electorado blanco acerca de la cercanía de Abella con el Frente Amplio, tanto a nivel departamental como nacional. Entre esas observaciones figuran incluso gestos de relacionamiento político que algunos interpretan como excesivamente complacientes.

Casaretto dijo que conocía esas críticas, pero se distanció de ellas. “No me hago cargo de esas cosas; las he escuchado, sí, claro que las he escuchado, pero yo no soy de los que piensan eso”, respondió.

Para marcar dónde sí ubica la frontera, recuperó una frase que atribuyó a Javier Barrios Amorín: “Transar sí, pero no hasta el punto de no reconocernos a nosotros mismos”.

Su defensa del diálogo fue explícita. Dijo que no hay nada mejor que mantener un buen vínculo y conseguir resultados “sin peleas, sin forcejeos, sin pulseadas”, y relativizó incluso la importancia de las formas cuando estas generan suspicacias políticas.

“Si tenés que reunirte 25 veces con los ministros y llamar a los legisladores de la oposición primero, ese no es el tema”, sostuvo. La condición, insistió, es no dejar de ser “lo que somos”, no “perder pilchas por el camino” y que Maldonado consiga lo que debe.

Ahí es donde la diferencia entre pedir y exigir adquiere, en su planteo, una dimensión concreta.

Casaretto enumeró las presiones que genera el crecimiento de Maldonado: mayor demanda de vivienda, escuelas con más alumnos y la necesidad de salones y maestros, mayores requerimientos de seguridad y una realidad de personas en situación de calle que, afirmó, se aproxima a los 500 casos y no resulta comparable a la de otros departamentos del interior.

“No es esa relación de te voy a pedir. No. Creo que Maldonado tiene que exigir algo”, afirmó.

A esas necesidades sumó lo que el departamento aporta al país. Reivindicó particularmente el peso del turismo y sostuvo que esa contribución debe tener una contrapartida a la hora de distribuir infraestructura, políticas y recursos nacionales. “El país sin Maldonado sería otro”, aseguró.

“Hay cosas que hay que pedirlas, pero si no las lográs hay que exigirlas”, sostuvo, y rechazó que un gobierno departamental del interior deba presentarse ante el poder central desde una posición de inferioridad.

“Uno de los hombres más poderosos del Uruguay”
La capacidad para ejercer esa presión no depende solamente, según Casaretto, del peso económico del departamento. También atribuyó a Abella una posición política particularmente sólida.

“El intendente de Maldonado es uno de los hombres más poderosos del Uruguay”, afirmó.

Casaretto fundamentó esa definición en dos elementos: el respaldo electoral con el que Abella llegó a la Intendencia y la mayoría con la que cuenta en la Junta Departamental, que le permite impulsar decisiones para las que otros gobiernos departamentales encuentran mayores obstáculos.

En ese esquema, los legisladores nacionales deben funcionar también como una herramienta del departamento cuando el vínculo directo del intendente con el Poder Ejecutivo no resulte suficiente. Casaretto habló de “ayudar”, “pelear” y “empujar” en aquellas gestiones que se compliquen.

Recordó que esa dinámica ya funcionaba con Enrique Antía pese a las diferencias que ambos mantuvieron en distintos momentos. Cuando surgían asuntos relevantes para Maldonado, sostuvo, el entonces intendente convocaba a los legisladores, quienes acudían a los ministerios o trasladaban los planteos al Parlamento.

Con Abella existe además una circunstancia que Casaretto considera particular: Orsi fue intendente y mantiene un muy buen vínculo con el jefe departamental. “Se llevan bárbaro”, afirmó, y señaló que muchas veces ese relacionamiento directo hace innecesarias otras intermediaciones. Pero volvió inmediatamente al punto que atraviesa su planteo: Maldonado merece del gobierno nacional “un montón de cosas” en infraestructura, políticas y recursos y, “cuando no llegan, hay que exigirlas”.

El Partido Nacional después de Antía
La nueva etapa departamental también encuentra al Partido Nacional, por primera vez en años, con Antía fuera del gobierno y a Abella al frente de una administración integrada por los distintos sectores blancos.

Al analizar ese escenario, Casaretto colocó primero la dimensión histórica del exintendente fuera de discusión. “Creo que en la historia del departamento no hubo una figura tan importante como la del ingeniero Antía”, afirmó, y recordó que ningún otro dirigente fue tres veces intendente.

Su discrepancia surgió respecto de los tiempos políticos. Consideró prematuro que Antía planteara, antes de que se cumpliera un año del período departamental actual, la posibilidad de volver a ser candidato en el futuro. No cuestionó su derecho a hacerlo, pero sostuvo que la prioridad partidaria debe estar ahora puesta en cumplir lo prometido en la última elección.

“Tenemos que devolverle a la gente las cosas que le prometimos. La política en los barrios, la política social”, afirmó. Hablar ya de candidaturas, insistió, le pareció “a destiempo”.

Esa diferencia no se traduce, según la descripción de Casaretto, en un Partido Nacional actualmente atravesado por una disputa por la conducción. Por el contrario, destacó una relación entre sus principales dirigentes que considera mejor que en otras etapas.

Señaló que Rodrigo Blás conversa semanalmente con Abella, que existe comunicación entre el intendente y los legisladores y habló de un “excelente vínculo” que, recordó, otras veces no existió. A su juicio, el cambio al frente de la Intendencia tampoco afectó el funcionamiento orgánico del partido ni el liderazgo de quien acaba de recibir el mayor respaldo electoral.

Casaretto describió el relacionamiento actual como “mucho más llano” y consideró que eso “hace bien”. En esa convivencia entre el diálogo interno, el buen vínculo con un gobierno nacional de otro signo y la defensa de los intereses departamentales se situó el desafío de la nueva etapa.

Porque, más allá de quién abra las puertas en Montevideo o de cuán fluida sea la relación política, su definición sobre el lugar desde el que Maldonado debe negociar no cambió: primero, procurar acuerdos y resultados; y cuando aquello que el departamento necesita no llegue, plantarse y exigirlo.


La entrevista completa está disponible en la sección Entrevistas de Punta News.

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