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EE. UU. sopesa sacar a España de la OTAN y revisar su postura sobre Malvinas: ¿declaración política o medida posible?

EE. UU. sopesa sacar a España de la OTAN y revisar su postura sobre Malvinas: ¿declaración política o medida posible?

Un correo electrónico interno del Pentágono, cuya existencia fue revelada por fuentes citadas por Reuters, ha introducido un nuevo foco de fricción en la OTAN. El documento explora posibles medidas de presión contra aliados europeos que, a juicio de Washington, no respaldaron suficientemente sus operaciones en la guerra contra Irán. Entre las propuestas más llamativas figuran la suspensión de España de la alianza —o al menos de ciertos roles dentro de ella— y la revisión de la postura estadounidense sobre la soberanía de las Islas Malvinas. De seguir adelante, ¿serán medidas alcanzables o con límites legales?

Estados Unidos baraja cómo responder ante su frustración por el apoyo limitado de los aliados en su guerra contra Irán.

El origen de las tensiones se sitúa en la negativa o cautela de varios socios europeos a facilitar acceso a bases, espacio aéreo y derechos de sobrevuelo —los denominados acuerdos ABO— durante la ofensiva contra la República Islámica. Según el correo del Pentágono suministrado a Reuters, atribuido al asesor político Elbridge Colby, estos permisos constituyen un “mínimo indispensable” dentro de la lógica de la alianza.

Países como España, Francia o Reino Unido evitaron implicarse directamente en operaciones ofensivas, argumentando riesgos de escalada y la necesidad de ajustarse al derecho internacional. Esta postura ha sido interpretada en Washington como una falta de reciprocidad en una alianza que, desde la perspectiva estadounidense, no puede funcionar en una sola dirección.

El propio Donald Trump ha intensificado esa crítica, cuestionando el compromiso europeo y sugiriendo incluso la posibilidad de replantear la permanencia de Estados Unidos en la OTAN.

Y ya el pasado 24 de abril, 'Politico', Citando fuentes europeas y estadounidenses, reportó que la Casa Blanca ha preparado un listado para evaluar el grado de compromiso de los países integrantes de la OTAN y estudiar posibles medidas de presión contra aquellos que, según el criterio del presidente Donald Trump, no aportan lo suficiente a la alianza o han evitado respaldar la ofensiva emprendida por Estados Unidos e Israel contra Irán.

La posible “suspensión” de España emerge como uno de los elementos más controvertidos. El correo sugiere que podría tratarse de una exclusión de posiciones relevantes dentro de la estructura de la OTAN más que de una expulsión formal.

Sin embargo, el Tratado del Atlántico Norte no contempla mecanismos para suspender o expulsar a un Estado miembro, lo que convierte esta opción en jurídicamente compleja y políticamente sensible.

Varios analistas coinciden en que su efecto sería principalmente simbólico, orientado a enviar una señal de advertencia al conjunto de aliados.

El analista de defensa, Juanjo Fernández, declaró en entrevista con la cadena local ‘La Sexta’ que los lineamientos de la OTAN no dependen de lo que decida o declare una sola persona, por lo que, en caso de que Washington decidiera seguir adelante, sus consecuencias militares serían nulas. “Como declaración política es importante, es un golpe político dentro de la estructura y cohesión de la OTAN”, subrayó el experto, quien insistió en que no representaría cambios en el marco castrense.

En Madrid, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, restó importancia a la información, destacando que su Administración se guía por posiciones oficiales y reafirmando el compromiso con la OTAN dentro del marco del derecho internacional.

“Nosotros no trabajamos sobre e-mails, trabajamos sobre documentos oficiales y posicionamientos que haga, en este caso el Gobierno de Estados Unidos. La posición del Gobierno de España es clara, absoluta colaboración con los aliados, pero siempre dentro del marco de la legalidad internacional”, declaró Sánchez.

Otro de los puntos más sensibles del texto es la posibilidad de revisar el respaldo histórico de Estados Unidos a la soberanía británica sobre las Malvinas.

Este planteamiento introduce una dimensión geopolítica más amplia, al afectar directamente a la relación con el Reino Unido y abrir la puerta a un acercamiento a Argentina.

El conflicto por las islas —que tuvo su punto álgido en la Guerra de las Malvinas— sigue siendo un asunto de alta carga simbólica y política. Londres ha reiterado que la soberanía no está en discusión y que prevalece el principio de autodeterminación de los isleños.

Pero la eventual revisión de la postura estadounidense, aunque solo planteada como opción, se interpreta como una herramienta de presión diplomática más que como un cambio inminente de política.

"Las islas Malvinas ya votaron anteriormente a favor de permanecer como territorio británico de ultramar y siempre nos hemos posicionado junto a ese derecho de los isleños a su autodeterminación", respondió el vocero del Gobierno británico.

Por su parte, la legisladora del Partido Conservador y líder de la oposición en Reino Unido, Kemi Badenoch, aseguró que la discusión “no tiene sentido”.

“Debemos asegurarnos de proteger con firmeza el territorio soberano británico. Esto incluye las Islas Malvinas y las Islas Chagos”, agregó.

El episodio pone de relieve una realidad estructural: la OTAN opera por consenso, lo que limita su capacidad para actuar en conflictos que no afectan directamente a la defensa colectiva de sus miembros. La guerra con Irán, al no involucrar un ataque directo contra territorio aliado, queda fuera del marco de actuación automática de la organización.

Además, la ausencia de mecanismos formales para sancionar a miembros refuerza la naturaleza política —más que jurídica— de las tensiones actuales. Las discrepancias, por tanto, se canalizan a través de presiones diplomáticas y debates internos, como el reflejado en el correo.

Aunque se trata de un intercambio interno sin carácter vinculante, el contenido del correo resulta significativo por la dureza de las medidas contempladas y por el contexto político en el que emerge: una creciente desconfianza entre Estados Unidos y algunos de sus socios tradicionales.

Es sin duda un síntoma de transformación en la relación transatlántica. Más allá de las medidas concretas planteadas, el contenido del mensaje revela un cambio más profundo en la relación entre Estados Unidos y Europa. La confianza mutua, uno de los pilares históricos de la OTAN, muestra signos de erosión en un contexto de intereses estratégicos divergentes.

La guerra de Israel y EE. UU. contra Irán ha actuado como catalizador, pero las tensiones responden a dinámicas de más largo recorrido: desacuerdo en prioridades geopolíticas, debates sobre el reparto de cargas y una creciente voluntad europea de definir una política exterior más autónoma.

El antecedente inmediato de esta crisis es la respuesta desigual de los países europeos ante la campaña militar estadounidense contra Irán. Según el correo, varios aliados se mostraron reacios a conceder acceso a bases, espacio aéreo y derechos de sobrevuelo —conocidos como acuerdos ABO—, considerados por Washington como un requisito básico de cooperación dentro de la OTAN.

El asesor político del Pentágono, Elbridge Colby, habría expresado en la comunicación su frustración ante esta situación, calificando el acceso logístico como el “punto de partida absoluto” de la alianza. La negativa o cautela de países como España, Francia o Reino Unido fue interpretada como una señal de distanciamiento estratégico.

Desde la perspectiva europea, sin embargo, la reticencia responde a una combinación de factores: el riesgo de escalada regional, dudas sobre la legalidad internacional de la intervención y la voluntad de evitar una implicación directa en un conflicto de alto coste político y militar.

Sin embargo, el trasfondo político del episodio está marcado por la visión del magnate de los bienes raíces convertido dos veces en presidente sobre la OTAN. Desde su perspectiva, la alianza ha derivado en un sistema en el que Estados Unidos asume una carga desproporcionada sin recibir un apoyo equivalente.

Sus críticas se han intensificado tras la negativa de varios aliados a implicarse en la protección del estrecho de Ormuz durante el conflicto con Irán. Trump ha llegado a plantear abiertamente la posibilidad de retirar a Estados Unidos de la OTAN, una idea que, aunque no se refleja directamente en el correo, forma parte del clima político en Washington.

El Pentágono, por su parte, insiste en que está elaborando “opciones creíbles” para garantizar que los aliados cumplan con sus compromisos, lo que sugiere una estrategia de presión más estructurada.

Por ahora, no hay indicios de que las propuestas contenidas en el correo vayan a traducirse en políticas concretas. Sin embargo, su mera existencia sugiere que en Washington se están considerando escenarios hasta hace poco impensables.

El futuro de la OTAN dependerá en gran medida de la capacidad de sus miembros para reconducir estas tensiones y redefinir los términos de su cooperación. En un entorno internacional cada vez más volátil, la cohesión de la alianza se enfrenta a una de sus pruebas más complejas desde el final de la Guerra Fría.


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Foto: EFE