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Leucemia mieloide aguda: hasta 120 casos al año y foco en el diagnóstico temprano

Leucemia mieloide aguda: hasta 120 casos al año y foco en el diagnóstico temprano

En Uruguay, esta enfermedad —la leucemia aguda más frecuente en adultos— presenta una evolución rápida y requiere atención médica inmediata. Especialistas advierten que detectar los síntomas a tiempo es determinante para mejorar el pronóstico.

Entre 100 y 120 personas son diagnosticadas cada año en Uruguay con leucemia mieloide aguda (LMA), una enfermedad hematológica de evolución acelerada que requiere diagnóstico y tratamiento urgente, según estimaciones de la Comisión Honoraria de Lucha contra el Cáncer y la Sociedad de Hematología del Uruguay.

En el marco del Día Mundial de la LMA, que se conmemora este 21 de abril, especialistas alertan sobre la necesidad de reconocer los síntomas y consultar de inmediato, en un escenario en el que el tiempo de respuesta puede incidir directamente en la evolución del paciente.

“La leucemia mieloide aguda es una neoplasia originada en precursores de la médula ósea que proliferan de forma acelerada, afectando la producción normal de células sanguíneas. Esto explica por qué los pacientes pueden deteriorarse rápidamente”, explicó la hematóloga Cristina Otero, especialista en trasplante de progenitores hematopoyéticos.

Esa dinámica se traduce en síntomas que pueden instalarse en cuestión de días o semanas: fatiga intensa, anemia, fiebre, infecciones frecuentes y episodios de sangrado. Ante estos signos, la consulta médica inmediata es clave.

“El diagnóstico precoz es absolutamente fundamental”, subrayó la especialista. “Permite iniciar rápidamente un tratamiento específico, prevenir complicaciones graves y seleccionar terapias dirigidas según el perfil biológico de cada paciente”.

Edad, riesgos y un tratamiento que cambió de paradigma
Si bien en muchos casos no existe una causa identificable, la incidencia de la LMA aumenta con la edad, especialmente a partir de los 60 años. También se asocia con exposiciones a sustancias como el benceno, tratamientos previos de quimioterapia o radioterapia y ciertas condiciones genéticas.

En paralelo, el abordaje terapéutico ha evolucionado hacia esquemas cada vez más personalizados. “Hoy, el tratamiento depende en gran medida del perfil molecular de la enfermedad, de la edad y de las condiciones generales del paciente”, indicó Otero.

A la quimioterapia y al trasplante de progenitores hematopoyéticos se suman terapias dirigidas que actúan sobre mecanismos específicos de la célula leucémica, ampliando las opciones para pacientes que no pueden acceder a tratamientos intensivos.

En Uruguay, parte de estas terapias cuenta con cobertura del Fondo Nacional de Recursos, aunque persisten desafíos vinculados a la rapidez del diagnóstico molecular y al acceso equitativo a centros especializados.