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Exante: empresarios proyectan un Uruguay de bajo crecimiento y menor expansión económica

Exante: empresarios proyectan un Uruguay de bajo crecimiento y menor expansión económica

La última Encuesta de Expectativas Empresariales de Exante consolidó un escenario de enfriamiento económico y creciente cautela entre empresarios y ejecutivos, con deterioro en las perspectivas de crecimiento, menor optimismo sobre inversión y empleo, caída en la evaluación de la gestión económica del gobierno y una percepción cada vez más extendida de que Uruguay ingresó en una etapa de bajo dinamismo estructural.

El relevamiento —realizado entre 344 ejecutivos de empresas medianas y grandes que operan en Uruguay— advierte un “nuevo debilitamiento de las perspectivas económicas y de la confianza empresarial”, en un contexto en el que las expectativas de expansión continúan corrigiéndose a la baja y las empresas comienzan a adoptar posiciones más defensivas frente al escenario económico.

Uno de los datos más significativos del informe se observa en las proyecciones de crecimiento a mediano plazo.

Según Exante, “el crecimiento esperado dentro de 3 o 4 años volvió a corregirse a la baja y promedió un 1,5%, prácticamente la mitad de lo que se proyectaba en 2021”.

La encuesta muestra, además, que el crecimiento esperado del PIB quedó “por debajo de 1,5% tanto para 2026 como para 2027”, mientras que más de un tercio de los empresarios estima que la economía crecerá menos de 1% anual en esos años.

Ese deterioro de las expectativas atraviesa prácticamente todas las dimensiones centrales relevadas por la consultora.

La percepción del clima de negocios “empeoró por tercera medición consecutiva” y actualmente predominan las valoraciones “regulares” sobre las positivas.

El 54% de los empresarios calificó el clima de negocios como “regular”, mientras que solo el 37% lo evaluó como “bueno” o “muy bueno”. Apenas el 9% mantuvo una visión negativa.

En paralelo, más de la mitad de los encuestados afirmó que la situación económica actual es peor que la de hace un año atrás y apenas un 3% consideró que mejoró.

Las perspectivas futuras tampoco aparecen favorables.

El 45% de los empresarios prevé un deterioro de la situación económica durante el próximo año y el saldo neto entre respuestas optimistas y pesimistas volvió a profundizarse en terreno negativo.

Algo similar ocurre con el clima de inversión.

Tras una leve mejora en la medición previa, las expectativas volvieron a deteriorarse y actualmente casi la mitad de los empresarios prevé que el clima de inversión será peor dentro de un año.

Sin embargo, uno de los aspectos más relevantes del informe es que el deterioro de las expectativas todavía no se traduce en un colapso operativo de las empresas, sino en un proceso gradual de moderación y cautela.

Exante sostiene que “las respuestas sobre la marcha de las propias empresas también se enfriaron, pero menos que en lo referido al entorno económico”.

En ese sentido, solo el 24% de los ejecutivos considera que la situación de su empresa es mejor que hace un año, un porcentaje similar al observado en 2020 durante la pandemia.

Aun así, apenas el 13% cree que la situación de su empresa estará peor dentro de un año, muy por debajo del 45% que anticipa un deterioro económico general.

La lógica defensiva se hace especialmente visible en el empleo, la inversión y la rentabilidad.

Más de la mitad de los empresarios no prevén cambios en sus plantillas de personal y quienes anticipan reducciones de empleo (23%) ya superan a quienes esperan aumentos (20%). El saldo neto volvió a terreno negativo por primera vez desde 2020.

En producción e inversión todavía predominan expectativas positivas, pero los balances “se vienen estrechando”, según Exante.

Actualmente, un 39% espera aumentos de producción y un 34% prevé incrementos de inversión, cifras que permanecen en terreno positivo, pero lejos de los niveles registrados en años anteriores.

La rentabilidad también comenzó a deteriorarse.

Solo un cuarto de los empresarios espera mejoras en la rentabilidad de sus compañías durante el próximo año, lo que representa el porcentaje más bajo desde 2020.

En paralelo, el 87% de los ejecutivos identifica factores que afectan la competitividad de sus empresas.

Los costos salariales aparecen “por amplia distancia” como el principal problema de competitividad, seguidos por la carga impositiva, el tipo de cambio bajo, las rigideces laborales y la carga administrativa.

El informe también detecta un aumento de las menciones vinculadas a “escasez de demanda”, algo que Exante considera “consistente con el bajo crecimiento de la economía”.

Otro de los cambios relevantes se observa en la incorporación de tecnología.

El 60% de los ejecutivos afirmó que su empresa introdujo o planea introducir aplicaciones de inteligencia artificial, mientras que aumentó la proporción de empresarios que identifican tecnologías ahorradoras de mano de obra como un factor que condiciona el crecimiento del empleo.

En el plano político y de gestión, la encuesta también evidencia un deterioro significativo.

Actualmente, un 57% de los empresarios desaprueba la gestión del gobierno de Yamandú Orsi y solo un 9% la aprueba.

Exante afirma que “el entorno luce peor que el observado al cabo del primer año del gobierno anterior y similar al que prevalecía tras el primer año del segundo gobierno de Tabaré Vázquez”.

La inflación aparece como prácticamente el único indicador claramente positivo dentro del informe.

Las expectativas inflacionarias continuaron descendiendo y el 89% de los empresarios proyecta que la inflación permanecerá dentro del rango de tolerancia del Banco Central hacia fines de 2027.

Además, casi dos tercios de los encuestados esperan una inflación por debajo del 5% en horizontes de mediano plazo, una proporción cuatro veces superior a la relevada un año atrás.

Aun así, el cuadro general que deja la encuesta es el de una economía donde las empresas todavía no reaccionan con recortes abruptos ni con parálisis de la actividad, pero donde comienza a consolidarse un escenario de menor expansión, expectativas más frías y creciente prudencia empresarial frente al rumbo económico y las perspectivas de crecimiento del país.



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