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Forlán marca el punto de partida para reconstruir a Uruguay: “El pasado, pasado”

Forlán marca el punto de partida para reconstruir a Uruguay: “El pasado, pasado”

Diego Forlán dejó en su presentación las primeras señales de cómo piensa conducir a una selección golpeada por la eliminación en el Mundial. Sin cuestionar a Marcelo Bielsa, puso el foco en sacar conclusiones y mirar hacia adelante; abrió la competencia entre referentes y jóvenes; priorizó el talento, pero también el carácter y el profesionalismo; y planteó un equipo capaz de adaptarse a los distintos escenarios de un partido. Luis Suárez, si mantiene su vigencia, tampoco tiene la puerta cerrada.

La primera conferencia de Diego Forlán como entrenador de la selección mayor y de la Sub-20 permitió conocer con mayor detalle sus objetivos para los próximos meses. En poco más de una hora de respuestas, el nuevo técnico empezó a delinear los criterios con los que pretende trabajar y, en particular, cómo piensa abordar una selección que vuelve a empezar después de la eliminación en la fase de grupos del Mundial y del cierre del ciclo de Marcelo Bielsa.

Forlán evitó convertir ese pasado inmediato en el centro de su discurso. Cuando le preguntaron cómo se recupera el ánimo de un plantel que llega golpeado por lo ocurrido en el Mundial, recurrió a una experiencia propia: la eliminación de Uruguay ante Australia en el repechaje para Alemania 2006.

Recordó que aquel golpe fue incluso más duro para quienes integraban entonces la selección y que, sin embargo, el comienzo del ciclo de Óscar Washington Tabárez volvió a reunirlos con entusiasmo. Cuatro años después, Uruguay terminaría en cuarto lugar en Sudáfrica 2010.

“Yo creo que el pasado, pasado”, resumió Forlán. No propuso ignorar lo ocurrido: sostuvo que los futbolistas deberán sacar sus conclusiones sobre lo que se hizo bien y lo que se hizo mal, pero colocó por encima de eso el significado de volver a encontrarse cuando la selección los llame y la posibilidad de que el propio grupo cambie la situación.

La referencia a Bielsa volvió a aparecer cuando le preguntaron directamente por las diferencias entre el estilo de trabajo que Forlán conoció durante su etapa en la selección y el del entrenador argentino. Tampoco entonces eligió la confrontación.

Lo definió como un entrenador de “mucha jerarquía”, con años de experiencia, y trasladó la respuesta a su propia concepción del fútbol. Allí dejó una de las definiciones más claras de la conferencia sobre el equipo que pretende construir.

Su ideal, explicó, es jugar, proponer y dominar los distintos momentos del partido, aunque inmediatamente introdujo un principio que atraviesa su mirada: “A veces no es lo que uno quiere, sino lo que uno puede”.

Forlán habló de preparar al equipo para diferentes situaciones, de contemplar las características de los futbolistas disponibles y también las del rival. Más que atarse a una única respuesta, pretende que Uruguay cuente con herramientas para reconocer qué partido está jugando y resolver los escenarios que puedan presentarse durante los 90 o 120 minutos.

Talento sí, pero no alcanza
Otro de los trazos que dejó marcados tiene que ver con la elección de los jugadores. La condición futbolística será el primer filtro, pero no el único.

Forlán señaló que después de observar las cualidades de un futbolista, entran en consideración su carácter, personalidad, entorno, comportamiento y profesionalismo. Y fue aún más explícito al explicar por qué esos componentes pueden terminar inclinando la decisión hacia una selección en la que el margen de elección es mayor.

“Encontramos muchos grandísimos jugadores que capaz que no son grandes profesionales y al final ese talento no te termina sirviendo lo que necesitás para lo que es el conjunto”, sostuvo.

En una selección, agregó, “el embudo se afina mucho más”. Un jugador con personalidad, liderazgo y capacidad para convertirse en ejemplo para los demás puede resultar más importante para el grupo que otro cuyo talento termine generando “más problemas que soluciones”.

Ese criterio también atraviesa una discusión que acompañará inevitablemente el nuevo ciclo: cuánto conservar de la generación que viene de disputar el Mundial y cuánto espacio abrir para los futbolistas jóvenes.

Forlán no planteó una renovación por edades. Reconoció que le gustan los jóvenes y que les da oportunidades, pero al mismo tiempo reivindicó la vigencia de los jugadores de mayor experiencia que continúan en un alto nivel.

Para quienes vienen detrás, la competencia será precisamente parte del proceso. Entiende que deberán hacer “un esfuerzo mayor” para ganarse un lugar y que esa disputa puede elevar el nivel general de la selección.

Suárez también entra en la ecuación
Es dentro de esa lógica que apareció Luis Suárez.

Consultado sobre las declaraciones del delantero acerca de una eventual disposición a regresar a la selección, Forlán aseguró que no las había escuchado. Pero una vez planteada la posibilidad, tampoco dejó demasiadas dudas sobre su posición.

“Si él está seleccionable, es uruguayo”, respondió. Destacó la experiencia del delantero, su capacidad goleadora y el hecho de que continúa demostrando vigencia cuando juega.

“¿Por qué no? Eso se verá más adelante”, agregó, antes de cerrar: “Si lo dijo, bienvenido sea”.

La misma defensa alcanzó a Federico Valverde y a Ronald Araújo cuando, al final de la conferencia, le preguntaron por sus actuaciones con Uruguay en los últimos mundiales.

Forlán los definió como “dos grandísimos jugadores” y recordó la dimensión que ambos alcanzaron en el fútbol internacional. Sobre Valverde, admitió que su rendimiento con la selección puede no haber sido el esperado, pero también señaló que el nivel que exhibe habitualmente en el Real Madrid elevó las expectativas sobre lo que puede ofrecer con la Celeste.

Araujo, sostuvo, estuvo condicionado por lesiones que no le permitieron llegar a los mundiales en las condiciones que hubiera querido. Para Forlán, ambos siguen siendo futbolistas seleccionables de máximo nivel y jugadores que cualquier entrenador querría tener a su disposición.

La Sub-20 primero y marzo todavía queda lejos
Aunque la conducción interina de la selección mayor concentra buena parte de la atención, Forlán insistió durante la conferencia en que su principal objetivo inmediato es la Sub-20.

El Sudamericano de enero es el desafío central de un proceso que ya comenzó con los entrenamientos en el Complejo Celeste. Antes estarán los Juegos del Sur y la intención de disputar amistosos, mientras el cuerpo técnico continúa observando futbolistas tanto en Uruguay como en el exterior.

Con la mayor podrá dirigir hasta ocho partidos antes de marzo, pero se negó a presentar ese período como una carrera para quedarse definitivamente con el cargo.

“Pensar más allá de marzo es difícil”, respondió ante la primera consulta sobre una eventual continuidad. Dijo que pretende disfrutar la oportunidad, trabajar de la mejor manera y, naturalmente, intentar ganar cada partido.

Cuando volvieron a preguntarle si esos encuentros podían abrirle el camino hacia el Mundial de 2030, mantuvo la misma línea. Su prioridad, dijo, es conocer cada vez mejor a los jugadores de la Sub-20, construir un equipo y llegar preparado a un Sudamericano que definirá la clasificación al Mundial de la categoría.

Después vendrán enero, marzo y las elecciones de la AUF. “Hay mucho, mucho hacia adelante”, sostuvo.

Por qué la AUF eligió a Forlán
La presentación también permitió que el presidente de la Asociación Uruguaya de Fútbol, Ignacio Alonso, explicara con mayor detalle el proceso que terminó con Forlán al frente de la Sub-20 y, transitoriamente, de la mayor.

Alonso confirmó que la AUF trabajó con dos nombres para conducir a los juveniles: Marcelo Broli y Forlán. Con el primero hubo conversaciones, pero el Ejecutivo terminó inclinándose por el exdelantero debido a su jerarquía, su conocimiento de la selección y a una serie de intercambios que varios integrantes de la conducción de la AUF habían mantenido con él anteriormente.

También pesó, según Alonso, la concepción de Forlán sobre el desarrollo de futbolistas y la experiencia que viene llevando adelante junto a su familia en Durazno Fútbol Club. La AUF entiende que esa mirada cobra particular importancia en una generación de jugadores que puede alimentar a la selección mayor rumbo a la Copa América de 2028 y al Mundial de 2030.

La decisión, aseguró el presidente de la AUF, contó con el acuerdo unánime del Comité Ejecutivo.

Forlán contó que esta vez tampoco necesitó demasiadas deliberaciones. Después de sus experiencias como entrenador de Peñarol y Atenas de San Carlos, había repetido que volvería a dirigir cuando apareciera un proyecto que realmente lo convenciera.

El llamado de la selección terminó siendo ese proyecto.

A diferencia de otras conversaciones anteriores con dirigentes de la AUF, en las que había pedido tiempo para pensarlo, esta vez la respuesta fue inmediata. “Ni lo pensé, sinceramente”, recordó. Estaba en su casa cuando recibió la llamada y aceptó de inmediato.

Ahora tiene por delante dos desafíos diferentes y simultáneos: formar la Sub-20, que buscará llegar al próximo Mundial de la categoría, y conducir durante los próximos meses a una selección mayor que necesita reencontrarse tras el golpe de 2026.

Para esa segunda tarea, al menos después de su primera conferencia, Forlán no presentó una revolución ni prometió borrar lo anterior. Marcó otros puntos de partida: rendimiento para entrar, profesionalismo para permanecer, competencia entre generaciones, capacidad para jugar de distintas maneras y una selección obligada a aprender de lo que pasó sin quedarse atrapada en ello.