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“No es que había miedo: sigue habiendo”: funcionarios del Hemocentro denuncian represalias y un informe constató impacto de acoso laboral

“No es que había miedo: sigue habiendo”: funcionarios del Hemocentro denuncian represalias y un informe constató impacto de acoso laboral

Por primera vez, funcionarios del Hemocentro cuentan públicamente lo que, aseguran, ocurría puertas adentro durante la gestión de Jorge Curbelo: represalias, amenazas, reducción de horas, trabajadores apartados de tareas y compañeros que terminaban bajo atención psicológica o psiquiátrica. En el ciclo de entrevistas de Punta News y Canal 2, Maytha Zapata y los principales referentes de la Departamental Maldonado de la Federación de Funcionarios de Salud Pública expusieron un cuadro que también quedó documentado en un informe de la psicóloga Adriana Pitetta, quien constató las consecuencias del acoso laboral en la salud, los vínculos y el funcionamiento del equipo.

“No es que había miedo; sigue habiendo. Al día de hoy”, afirmó Maytha Zapata, técnica en hemoterapia del Hemocentro desde hace 13 años y delegada de la Federación de Funcionarios de Salud Pública (FFSP). Según relató, ese temor condicionaba la forma en que los trabajadores planteaban objeciones, se relacionaban con el sindicato e incluso decidían si formalizar o no una denuncia.

No lo presentó como una sensación abstracta. Zapata sostuvo que cuando un funcionario no se alineaba con determinadas decisiones del Dr. Jorge Curbelo, podía acarrear consecuencias laborales, y señaló que la situación era especialmente delicada para suplentes y trabajadores tercerizados, que no contaban con las mismas garantías que quienes tenían cargos titulares.

Consultada directamente sobre si hubo personas que efectivamente dejaron de trabajar después de enfrentar o cuestionar situaciones internas, afirmó que ocurrió con suplentes: “No se los volvió a llamar”. En el caso de los titulares, explicó, las represalias podían adoptar otras formas, como ser señalados como “conflictivos” o quedar excluidos de determinadas tareas.

Uno de los ejemplos surgió al hablar de las jornadas de donación. Zapata relató que los técnicos podían llegar a una actividad y encontrarse con un número de personas agendadas que consideraban imposible de atender con el número de funcionarios disponibles. Quien planteaba que no podían asumir ese volumen, sostuvo, se exponía a consecuencias: si era suplente, podía dejar de ser convocado; si era titular, podía quedar fuera de las jornadas posteriores del Hemobús.

Mario Sosa, secretario de la Departamental Maldonado de la FFSP, ubicó precisamente una represalia laboral como origen de una intervención más intensa de la Federación en el Hemocentro. Relató el caso de una funcionaria que realizaba 160 horas y pasó a cumplir 60, al tiempo que perdió una encargatura que venía desempeñando. Para el sindicato, ambas medidas fueron consecuencia del enfrentamiento que se había producido.

Sosa sostuvo que la relación con la organización sindical también estaba atravesada por ese clima. Dijo que existía resistencia a la participación de la Federación dentro del Hemocentro y recordó reuniones con Curbelo en las que, según su relato, el entonces director elevaba progresivamente el tono de voz, golpeaba la mesa y faltaba el respeto.

“Te das cuenta cómo trataba al funcionario. Muy mal”, afirmó.

Zapata describió desde adentro otras escenas que, aseguró, se repetían durante años. “Yo perdí la cuenta de la cantidad de veces que vi compañeros y compañeras bajar llorando”, dijo.

Según explicó, algunos funcionarios eran llamados al despacho y podían encontrarse allí, frente al director y a una o dos personas más, sin acompañamiento gremial. Con el tiempo, la Federación comenzó a recomendarles que no concurrieran solos a esas reuniones. “No puede ser algo normal que te griten o que te hablen mal”, sostuvo la técnica.

El miedo también incidía, según los entrevistados, en la posibilidad de denunciar. Zapata afirmó que existen planteos escritos que nunca fueron presentados formalmente como casos de acoso laboral y recordó el antecedente de una trabajadora que sí presentó una denuncia y que posteriormente terminó sumariada. Para los funcionarios, ese desenlace tuvo un efecto disuasorio sobre otros compañeros.

La propia Federación debió cambiar la forma de vincularse con los trabajadores. José Luis Fuentes, presidente de la Departamental Maldonado de la FFSP, contó que algunos preferían conversar con los dirigentes fuera del Hemocentro porque temían que ser vistos manteniendo contacto con el sindicato pudiera acarrear consecuencias.

“Los vimos muy preocupados, con mucho miedo”, describió Fuentes. La situación llevó a la departamental a pedir apoyo a la Federación en Montevideo y a convocar a su equipo de salud laboral y a una psicóloga para intervenir en Maldonado. En una de las instancias participaron más de 40 funcionarios. Allí, según relató, tomaron conocimiento de trabajadores que estaban bajo atención psiquiátrica o psicológica y, en algunos casos, medicados por situaciones vinculadas al estrés laboral.

Lo que los trabajadores y los dirigentes gremiales describieron durante la entrevista quedó plasmado también en un informe elaborado por la psicóloga Adriana Pitetta después de mantener encuentros con personal del Hemocentro.

Fechado en mayo de 2026 y titulado “Informe sobre consecuencias del Acoso Laboral en el Hemocentro/ASSE-Maldonado”, el documento señala que durante esas instancias se pudo “constatar el impacto del acoso laboral en distintos niveles, ejercido por la Dirección Técnica del centro”.

Pitetta registró funcionarios con síntomas de ansiedad, depresión y estrés, así como sentimientos de desvalorización y desgaste. Varios se encontraban en tratamiento psicoterapéutico o farmacológico y presentaban certificaciones médicas relacionadas con su salud mental. El informe también describe consecuencias físicas asociadas al estado de alerta permanente, entre ellas la tensión muscular, los dolores de cabeza y otros dolores físicos, así como las certificaciones prolongadas.

La psicóloga constató efectos en el equipo en su conjunto. Describió un clima laboral tenso, marcado por la desconfianza y por casos de trabajadores que, aun sin considerarse víctimas directas, adoptaban conductas de “sumisión por temor a ser acosados”. Según su evaluación, la exposición sostenida había deteriorado los vínculos laborales y afectado el compromiso, la motivación y el trabajo colectivo. Algunos funcionarios manifestaron incluso dificultades para evitar que el problema repercutiera en sus relaciones familiares.

El informe incorpora un elemento que permite entender por qué, para algunos trabajadores, la presión no necesariamente terminaba al salir del Hemocentro. Pitetta señaló que varios tenían una “doble inserción” laboral y desempeñaban tareas tanto en el ámbito público como en el privado, en lugares donde el mismo director también ejercía funciones.

Para la profesional, esa coincidencia aumentaba la vivencia “sistemática y crónica” de las conductas hostiles porque podía extenderlas al otro lugar de trabajo.

Como conclusión, Pitetta planteó la necesidad de intervenir en el equipo para abordar el desgaste acumulado y recomendó reforzar los mecanismos de detección temprana como medida preventiva.

Los trabajadores ya habían dejado constancia por escrito de esta situación antes de que el tema alcanzara la exposición pública actual.

El 30 de abril de 2026, funcionarios del Hemocentro dependientes de ASSE y de empresas tercerizadas, integrantes de la FFSP, firmaron una nota colectiva en la que respaldaron la actuación de la Federación frente a situaciones que, afirmaron, habían vulnerado sus derechos.

En ese documento hablaron de “amenazas, malos tratos, persecución laboral y sindical” atribuidos al entonces jerarca y señalaron que varios compañeros habían visto comprometida su salud mental. También explicaron por qué, hasta ese momento, habían evitado trasladar esas denuncias a los medios de comunicación: aseguraron que fue una decisión de los propios trabajadores para no afectar la imagen del Hemocentro.

Ese silencio fue uno de los primeros temas abordados en la entrevista. Zapata dijo que los funcionarios querían contar su versión desde que comenzó la controversia posterior al cese de Curbelo, pero decidieron respetar los plazos de la investigación de ASSE. Aclaró que las actuaciones continúan y que hay asuntos de los que todavía no hablarán para no interferir en el proceso.

Durante estos meses, Punta News había abordado los cuestionamientos sobre la gestión y el vínculo con los funcionarios en una extensa entrevista realizada al propio Curbelo tras su cese. Sin embargo, quienes trabajaban dentro del Hemocentro y la organización sindical que venía interviniendo en el conflicto no habían expuesto públicamente ni en profundidad su versión hasta ahora.

La situación que describen hoy es diferente. Sosa sostuvo que, con la nueva conducción, la Federación puede reunirse con los funcionarios sin obstáculos y que los trabajadores le transmiten que están “mucho más tranquilos”. Zapata coincidió en que la presión disminuyó, aunque aclaró que eso no significa que haya menos actividad: la agenda sigue completa y el trabajo continúa.

La tranquilidad, sin embargo, no eliminó por completo el temor.

“Si igual tienen miedo, porque él puede volver”, dijo Sosa al referirse a la posibilidad de que Curbelo retorne al cargo.

Para el secretario de la Departamental Maldonado de la FFSP, lo vivido por los trabajadores durante los años anteriores “ha sido un calvario para los compañeros”.


La entrevista completa puede verse en la sección Entrevistas de Punta News y en el canal de YouTube.

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