No quiero llantos ni penas: murió Ruben Rada y ahora, ¿quién va a cantar?
- Aug 26 2026
Pionero del candombe beat, protagonista de algunas de las experiencias más renovadoras de la música uruguaya y dueño de una trayectoria que lo llevó a cruzarse con figuras de alcance mundial, Ruben Rada murió este miércoles a los 83 años. Hasta que la enfermedad lo apartó de la actividad, seguía creando, grabando y preparando nuevos proyectos.
Ruben Rada llevaba un mes internado por una neumonía y sus complicaciones, y su cuadro se había agravado en las últimas horas. Su familia confirmó que falleció a las 15:30.
La noticia cerró una trayectoria de más de seis décadas que modificó la música uruguaya desde adentro y la proyectó mucho más allá de sus fronteras. Rada no fue solamente uno de sus intérpretes más populares: fue uno de los músicos que contribuyeron a cambiar la manera en que el candombe podía relacionarse con el rock, el jazz, el funk, el soul, el pop y la música latinoamericana.
Y ese recorrido seguía abierto.
El 16 de julio, el mismo día en que cumplió 83 años, estrenó en YouTube “¿Quién va a cantar?”, un nuevo ciclo de encuentros musicales con artistas de distintas generaciones. El primer episodio contó con la participación de integrantes de La Vela Puerca.
También tenía dos fechas previstas para octubre en la Sala Eduardo Fabini del Auditorio Nacional Adela Reta, donde volvería sobre el repertorio de Tótem, una de las bandas fundamentales tanto de su historia personal como de la transformación musical que Uruguay vivió a comienzos de los años 70.
Rada había nacido en Montevideo el 16 de julio de 1943. Su vínculo con la música empezó desde niño y muy pronto lo llevó por comparsas, murgas, orquestas y conjuntos que anticipaban una característica que lo acompañaría siempre: la imposibilidad de quedar encerrado en un solo género.
En la década de 1960, El Kinto marcó un punto de quiebre. Junto a Eduardo Mateo y otros músicos de aquella generación, Rada fue protagonista de la construcción del llamado candombe beat, un lenguaje en el que los tambores afrouruguayos comenzaron a convivir con guitarras eléctricas, el beat, el rock y la música brasileña.
Después vendrían Tótem y, más adelante, Opa, junto a Hugo y Osvaldo Fattoruso. En cada una de esas experiencias, el candombe dejó de funcionar como una frontera para convertirse en un punto de partida.
La carrera solista amplió aún más ese recorrido. Desde “Las manzanas”, a fines de los años 60, hasta discos y canciones de décadas posteriores, Rada construyó una obra capaz de combinar experimentación y una enorme llegada popular.
“Ayer te vi”, “Candombe para Gardel”, “Muriendo de plena”, “Cha cha, muchacha”, “Mi país” y “Quién va a cantar” son apenas algunos títulos de una producción que atravesó generaciones y terminó incorporándose al repertorio colectivo de los uruguayos.
Su carrera también alcanzó una escala internacional poco común para un músico uruguayo. Grabó, tocó o compartió escenarios y proyectos con Mercedes Sosa, Luis Alberto Spinetta, Charly García, Fito Páez, León Gieco, Milton Nascimento, Daniela Mercury, Joan Manuel Serrat, Pablo Milanés, Sting, Joss Stone y UB40, entre otros.
Uno de esos cruces dejó en Montevideo una escena que terminó por convertirse casi en símbolo.
En febrero de 2016, cuando los Rolling Stones llegaron por primera vez a Uruguay, Mick Jagger quiso conocer de cerca el candombe. La búsqueda lo llevó hasta la casa y taller de Fernando “Lobo” Núñez, en Barrio Sur.
Rada estaba allí.
Jagger escuchó los tambores, bailó, preguntó por su construcción y terminó cantando una versión candombera de “(I Can't Get No) Satisfaction” junto a Rada y los músicos uruguayos que participaban del encuentro.
La imagen tuvo una potencia particular: una de las figuras más importantes de la historia del rock había llegado a Montevideo en busca del candombe y se encontró frente a uno de los músicos que más habían hecho por llevarlo a nuevos lenguajes y escenarios.
Rada recordaría aquella noche muchas veces. Incluso terminó transformándola en música: años después incluyó en el álbum “Negro Rock” la canción “Lobo y Miguel”, inspirada en ese encuentro. Parte de la visita quedó además registrada en el documental “Olé Olé Olé!: A Trip Across Latin America”, sobre la gira de los Rolling Stones por la región.
El vínculo con nombres internacionales de enorme peso nunca sustituyó, sin embargo, la raíz de su obra. Rada podía recorrer escenarios del mundo y moverse entre distintos géneros, pero el tambor permanecía como una referencia constante.
En 2011 recibió el Premio a la Excelencia Musical de la Academia Latina de la Grabación, uno de los reconocimientos más importantes de su carrera y una distinción que lo colocó junto a figuras centrales de la música latinoamericana e iberoamericana.
También fue distinguido en Uruguay y en el exterior, recibió premios Gardel y Graffiti y acumuló reconocimientos a una trayectoria que excedía ampliamente la música grabada.
Porque Rada fue, además, actor, conductor, humorista y comunicador. Llegó a públicos que podían conocerlo por El Kinto, Tótem u Opa, por sus discos solistas, por la televisión, por sus canciones para niños o simplemente porque el “Negro Rada” terminó siendo una presencia cultural reconocible incluso más allá de la música.
También hubo una continuidad de ese legado dentro de su propia familia. Sus tres hijos eligieron caminos vinculados al arte: Lucila Rada desarrolló una trayectoria como cantante y actriz; Matías Rada como guitarrista, trabajando con músicos y grupos de ambas orillas del Río de la Plata; y Julieta Rada construyó una carrera propia como cantante y compositora.
No quedaron, además, al margen de la música de su padre. Los tres compartieron proyectos y escenarios con él: en “Parte de la historia”, el espectáculo con el que Rada recorrió distintas etapas de su obra en 2019, Matías estuvo en guitarras y Lucila y Julieta en voces. Rada llegó incluso a grabar con ellos un trabajo al que llamó “Lujuma Band”, uniendo en el nombre las primeras sílabas de Lucila, Julieta y Matías.
Cuando, años atrás, le preguntaron qué quería que sus hijos reconocieran como legado suyo, Rada no habló de éxitos ni de premios. Habló de “la humildad, la simpatía, escuchar siempre mucha música” y de cantar “sinceramente, con el corazón”.
Pero nunca dejó de ser músico.
Hasta este año seguía imaginando proyectos, reuniendo artistas y preparando escenarios futuros. “¿Quién va a cantar?” no era el título elegido para mirar hacia atrás: era el nombre de algo nuevo.
En “Muriendo de plena”, Rada había cantado que no quería llantos ni penas cuando llegara el momento de la despedida, “porque yo en la vida he sido feliz”.
Así que, comiendo perdiz y con vino tinto, será hasta siempre, Negro Rada.












