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“Números, números, números”: donantes rechazados que volvieron a donar, resultados sin informar y sangre que terminaba descartada por falta de demanda

“Números, números, números”: donantes rechazados que volvieron a donar, resultados sin informar y sangre que terminaba descartada por falta de demanda

En el ciclo de entrevistas de Punta News y Canal 2, la Técnica en Hemoterapia y funcionaria del Hemocentro Maytha Zapata y los referentes de la Departamental Maldonado de la Federación de Funcionarios de Salud Pública (FFSP), José Luis Fuentes y Mario Sosa, describieron una gestión marcada, según sostienen, por la presión para sumar donantes y reducir al mínimo los rechazos. Relataron casos de personas a las que los técnicos impedían donar por restricciones y que luego eran habilitadas por órdenes de la dirección, jornadas de recolección con volúmenes que superaban la demanda real y períodos de fuertes descartes de sangre por vencimiento de plazos. Documentación interna de ASSE a la que posteriormente accedió Punta News da respaldo oficial a uno de los aspectos más sensibles de esos relatos: la investigación constató que hubo donantes con resultados serológicos reactivos que, pese a estar impedidos de donar, fueron nuevamente habilitados por una indicación verbal atribuida a Jorge Curbelo.

“No quiero rechazos, no quiero rechazos”. Maytha Zapata recordó de esa forma una exigencia que, aseguró, atravesaba el trabajo de los técnicos durante la gestión de Curbelo al frente del Hemocentro Maldonado. Y sintetizó en tres palabras lo que entendía que se buscaba: “Números, números, números”. Para la técnica, que una persona llegara al Hemocentro dispuesta a donar no significaba necesariamente que estuviera en condiciones de hacerlo.

Cuando un “no puede donar” podía terminar en un “sí”
Antes de cada extracción, existe una entrevista técnica y una serie de requisitos que pueden determinar que alguien no done o que deba esperar un plazo determinado. Zapata mencionó medicación, tatuajes recientes, enfermedades, situaciones vinculadas a las parejas sexuales, peso y edad, entre otros factores. Lo que cuestionó no fue la existencia de casos fronterizos, sino que una decisión técnica pudiera revertirse posteriormente por otra vía.

“Resulta que después me entero que, como esa persona (el donante rechazado) hacía una queja, ya sea por el código QR, por un cuadernito que teníamos antes o en las redes, a esta persona la llamaban y la hacían donar”, relató. Puso como ejemplo a personas a las que ella había indicado que debían esperar un determinado período y que, tras reclamar, terminaban realizando la donación sin que el técnico que había dispuesto el rechazo fuera consultado nuevamente.

La situación también se producía durante las jornadas de recolección del Hemobus. Zapata recordó casos en los que una persona era rechazada por el técnico y, posteriormente, recibía la indicación de volver a la unidad y de que se concretara la recolección. José Luis Fuentes, presidente de la Departamental Maldonado de la FFSP, explicó que había funcionarios administrativos que se comunicaban con Curbelo para consultar sobre esas situaciones y que la autorización regresaba desde la dirección. “Él era el que autorizaba”, señaló.

Zapata sostuvo que eso generaba fricciones permanentes entre técnicos y otros integrantes del equipo porque terminaban recibiendo la indicación de extraer sangre a alguien que, de acuerdo con la evaluación inicial, no estaba habilitado. “Llamaban, avisaban de que tal persona estaba apta y, bueno, te lo hacían donar”, explicó.

La presión por aumentar las cifras se expresaba también en el volumen de las jornadas. Según Zapata, podían llegar cuatro o cinco técnicos y encontrarse con 120 personas agendadas, pese a que existían criterios sobre el número de personas que cada profesional podía atender. Afirmó incluso que a los administrativos les estaba prohibido informar previamente a los técnicos cuántos donantes estaban anotados y recordó que quienes objetaban una sobrecarga podían enfrentar consecuencias: si eran suplentes, dejar de ser convocados; si eran titulares, quedar señalados como conflictivos y dejar de ser convocados para las salidas del Hemobus.

ASSE terminó documentando el mismo mecanismo
Parte de lo que los entrevistados describieron en la entrevista ahora encuentra un correlato particularmente fuerte en documentos oficiales que Punta News recibió después de la emisión del programa.

La investigación administrativa que ASSE inició en mayo constató que existían personas con resultados serológicos reactivos que no habían recibido la correspondiente consejería —la instancia médica en la que deben ser informadas del hallazgo y orientadas sobre estudios confirmatorios, eventual asistencia y medidas preventivas— y que regresaban a donar desconociendo esos resultados. La propia resolución que abrió la investigación señalaba que esas personas eran ingresadas nuevamente de forma manual al sistema para habilitar otra donación y repetir análisis que no les habían sido comunicados en tiempo y forma.

La instrucción administrativa confirmó posteriormente que el fenómeno no se limitaba a una mera sospecha inicial. Investigaciones y Sumarios recogió testimonios coincidentes de que determinados donantes, que permanecían impedidos de donar por registrar resultados serológicos reactivos y tener pendiente su consejería, fueron nuevamente habilitados mediante autorización verbal atribuida a Curbelo. El informe señala que esas instrucciones quedaron reflejadas tanto en registros incorporados al sistema como en un intercambio de WhatsApp con una de las técnicas.

La documentación identificó siete registros en los que personas figuraban como “rechazado por sistema” debido a una o más consejerías pendientes derivadas de marcadores serológicos reactivos detectados entre 2018 y 2024. Entre ellos aparecen resultados vinculados a hepatitis C, enfermedad de Chagas, HTLV I/II y sífilis.

El Directorio de ASSE terminó por incorporar expresamente ese hallazgo entre los fundamentos del sumario administrativo contra Curbelo: consideró que la prueba testimonial era sustancialmente concordante en cuanto a que determinados donantes impedidos de donar por sus resultados y por mantener consejerías pendientes “eran, en determinadas oportunidades, habilitados nuevamente para donar por indicación verbal atribuida al Dr. Jorge Curbelo”.

Eso no significa que la sangre con resultados reactivos haya sido transfundida. La investigación estableció que los hemocomponentes continuaban sometidos a los análisis correspondientes y que los que no podían utilizarse eran descartados. ASSE no acreditó daño transfusional a los receptores; ubicó la irregularidad en que esas personas volvieran a donar sin haber conocido el resultado anterior y en las consecuencias que la falta de información podía tener para ellas mismas y para terceros.

La advertencia estaba por escrito desde 2023
Los técnicos habían dejado constancia de ese problema mucho antes de que comenzara la investigación actual. El 9 de octubre de 2023 presentaron por escrito a Recursos Humanos y a la Dirección y Coordinación Técnica del Hemocentro una serie de observaciones sobre el funcionamiento del servicio. Entre ellas escribieron: “Preocupa seriamente que se permita donar a personas con serología reactiva, por no haber realizado consejería a su debido tiempo”. También cuestionaron autorizaciones para que volvieran a donar personas previamente autoexcluidas y situaciones con donantes fuera del rango legal de edad.

El documento incluía, además, otro asunto que atraviesa el relato actual de los trabajadores: el creciente número de personas convocadas a las colectas. Los técnicos advertían entonces sobre jornadas que calificaban de “exorbitantes”, personal exhausto y tareas que debían trasladarse al día siguiente porque la dotación disponible no alcanzaba para sostener aquel volumen.

Cuatro días después, Curbelo respondió formalmente a los delegados y convocó una reunión para tratar los planteos. Es decir, las observaciones sobre el número de donantes, los criterios de aceptación y las serologías reactivas no surgieron tras su cese: ya habían sido trasladadas por escrito a la conducción del Hemocentro en 2023.

De 356 casos ya advertidos a 1.015 sin resolver
La investigación administrativa reconstruyó, a su vez, que el problema de las personas que no habían sido informadas de resultados relevantes se remontaba más atrás. En noviembre de 2021, el Laboratorio de Enfermedades Transmisibles comunicó formalmente a la Dirección Técnica que existían 356 consejerías pendientes correspondientes al período 2017-2021. Un informe de enero de 2023 volvió a constatar que la situación persistía.

Entre ambos antecedentes se observa un intercambio especialmente relevante. En agosto de 2022, la técnica Fernanda Banguesses consultó a Curbelo por las consejerías acumuladas. La investigación establece que el entonces director respondió que se realizaran las correspondientes a 2022 y se archivaran las anteriores, con determinadas salvedades.

La acumulación continuó. Ya después del cese de Curbelo, durante el proceso de regularización, un informe fechado el 15 de julio contabilizó 1.015 consejerías pendientes originadas entre 2017 y 2026. Investigaciones y Sumarios entendió que esa cifra demostraba la persistencia y el “progresivo agravamiento” del problema.

Maytha Zapata dijo que ni ella ni buena parte de sus compañeros sabían que el volumen había alcanzado esa magnitud. Y cuestionó especialmente que los 1.015 casos fueran presentados públicamente como un 0,4% de unas 250.000 donaciones realizadas en nueve años.

Su argumento fue que el universo relevante no es el conjunto de todas las personas que donaron, ya que la mayoría nunca necesitó ser contactada por un problema con sus estudios. “Uno tiene que llamar a los donantes que tuvieron un problema”, señaló. Estimó que las serologías reactivas representan aproximadamente un 2% y sostuvo que, utilizando ese universo como referencia, el peso de las consejerías pendientes sería muy superior al 0,4%.

Zapata agregó un dato sobre la regularización que se estaba realizando al momento de la entrevista: dijo que, en aproximadamente dos meses, tras el cese de Curbelo, la médica encargada ya había logrado comunicarse con cerca de 300 de las 1.015 personas y que, hasta entonces, no había encontrado mayores inconvenientes para localizarlas, pese a que parte de los casos llevaba varios años pendiente.

El otro lado de las grandes cifras: sangre sin demanda
Pero la frase “números, números, números” no apareció en la entrevista solo para explicar las diferencias respecto de quién debía donar. También dio lugar a otra discusión: qué ocurría con toda la sangre recolectada.

Mario Sosa, secretario de la Departamental Maldonado de la FFSP, sostuvo que las grandes cifras de captación servían para posicionar al Hemocentro dentro del Servicio Nacional de Sangre. “Se hace valer [...] que él tiene ciertos números”, señaló sobre Curbelo. Y enseguida planteó la contracara: “Después, a veces, capaz tiene desperdicio de sangre por esos números también”.

Zapata recordó que hubo un período en el que el Hemocentro llegó a tener “un descarte impresionante”, con cifras que “realmente preocupaban”. Según explicó, el problema aparecía cuando se sucedían jornadas de 60, 70 u 80 volúmenes de sangre y después no había demanda suficiente para darles salida antes de su vencimiento. Parte de esa sangre terminaba descartada.

La dimensión del cuestionamiento no pasa entonces solamente por cuánto se recolectaba, sino por para qué se recolectaba. Según lo explicado durante la entrevista, hubo períodos en los que el volumen obtenido superaba las capacidades de absorción de Maldonado, la región y los centros a los que podía distribuirse la sangre, mientras las cifras de donantes seguían siendo uno de los indicadores exhibidos de la gestión.

Cuando el descarte dejó de quedar en el Hemocentro
Los entrevistados explicaron también cómo cambió el registro de esos descartes. Cuando las cifras del Hemocentro comenzaron a ser significativas, parte de la sangre era enviada a otros centros, principalmente a los de Montevideo, antes de su vencimiento. Si esos volúmenes tampoco encontraban allí una utilización y finalmente debían descartarse, el descarte quedaba contabilizado en el centro receptor y no en el Hemocentro. Zapata situó justamente en el comienzo de esos movimientos el cambio de unas cifras que hasta entonces, dijo, “realmente preocupaban”.

“Después cambió cuando se empezó a mandar sangre a diferentes departamentos, principalmente a Montevideo”, explicó.

Ese descarte por falta de utilización antes del vencimiento es distinto del descarte obligatorio de una unidad cuyo análisis determina que no puede emplearse. Pero ambos aspectos terminaron confluyendo en la misma entrevista porque pusieron el foco en lo que había detrás de las cifras de captación: no solo cuántas personas se presentaban a donar, sino también si correspondía aceptar esa donación, qué ocurría luego con la sangre obtenida y qué seguimiento recibía una persona cuando sus estudios detectaban un problema.

Es allí donde el relato de Maytha Zapata, José Luis Fuentes y Mario Sosa adquiere una dimensión que trasciende la discusión sobre el estilo de conducción de Curbelo. Los trabajadores describieron una presión sostenida para aumentar la cantidad de donantes; ASSE constató luego que hubo personas con resultados reactivos que fueron nuevamente habilitadas para donar y que durante años se acumularon comunicaciones de resultados que debían llegar a quienes habían donado; y la propia entrevista expuso la otra cara de aquellas grandes colectas: sangre que, cuando no encontraba demanda suficiente, terminaba descartada.


La entrevista completa está disponible en la sección Entrevistas de Punta News y en el canal de YouTube.

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