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Marset: violencia, control y nueva conducción tras la caída

Marset: violencia, control y nueva conducción tras la caída

La captura de Sebastián Marset en Estados Unidos no desarticuló su estructura. Según el análisis de la periodista boliviana Gabriela Reyes, el grupo no solo sigue operativo, sino que ya habría reconfigurado su conducción, con señales de violencia selectiva, mensajes dirigidos a las fuerzas de seguridad y una expectativa política creciente respecto de lo que el narcotraficante pueda declarar ante la justicia estadounidense.

A casi tres semanas de su detención y con el proceso judicial en marcha en el Tribunal de Virginia del Este, el foco en Bolivia se desplazó hacia lo que ocurre fuera del expediente. Reyes, quien siguió el caso desde ese país y fue quien informó sobre su captura, sostuvo que el escenario actual evidencia una organización en proceso de reordenamiento interno.

“Nosotros tenemos entendido que ya hay una cabeza a cargo de esta organización”, afirmó Reyes en declaraciones a La Primera Página de la Revista de FM GENTE y agregó que ese liderazgo estaría actuando en dos planos simultáneos: “retomar el control mediante el miedo y la venganza”.

En ese marco, describió una serie de episodios recientes que —según su análisis— configuran un patrón de acción. Entre ellos, mencionó el asesinato de un tiktoker vinculado a sectores enfrentados a Marset, un caso que, según indicó, está bajo investigación y sobre el cual se maneja la hipótesis de que habría sido arrojado desde una avioneta. También señaló la aparición de una persona muerta en un hotel de lujo, presuntamente relacionada con información sobre la caída del narcotraficante.

El tercer hecho, sin embargo, es el que introduce un elemento distinto en la lectura del escenario: el secuestro de dos policías de la Fuerza Especial de Lucha Contra el Narcotráfico que custodiaban bienes del grupo. Los agentes fueron liberados con vida y, días después, su armamento y equipamiento aparecieron intactos.

Para Reyes, ese episodio no es un dato menor, sino un mensaje. “Si los hubieran querido matar, lo hacían. El mensaje pudiera haber sido bien claro”, señaló. Y planteó su interpretación: “yo tomo esto como un mensaje… de decirles: nosotros no vamos a ir en contra de ustedes”.

La lectura que surge de ese análisis es una estrategia dual: por un lado, ejercer violencia para disciplinar a posibles traidores o actores rivales; por otro, evitar una confrontación directa con las fuerzas de seguridad.

En paralelo, la periodista advirtió sobre un punto que, a su entender, resulta crítico en el escenario actual: la falta de avances en la investigación sobre la estructura financiera del grupo. “Hoy por hoy toda esta investigación financiera… está intocada”, afirmó, en referencia a las causas abiertas en 2023 por lavado de dinero que involucraban a operadores, abogados y estructuras vinculadas al movimiento económico de la organización.

Ese vacío investigativo convive con otro elemento que concentra la atención en Bolivia: la expectativa sobre lo que Marset pueda declarar en Estados Unidos.

Reyes recordó que el propio narcotraficante había anticipado el alcance potencial de esa información: “si yo hablo, se cae la política boliviana”. En ese contexto, explicó que existe una fuerte expectativa sobre una eventual negociación judicial. “Hay mucha expectativa de saber cómo era el sistema de protección estatal que él recibía, no solo político, sino también judicial e institucional”, sostuvo.

A su entender, la estrategia de Marset podría pasar por declararse no culpable, avanzar hacia un juicio y, en ese marco, utilizar la información que posee como herramienta de negociación para reducir su condena. “Tiene mucha información para negociar… y tiene los recursos para contratar abogados de alto nivel”, explicó.

Sin embargo, mientras esa posibilidad crece, el escenario político en Bolivia se mantiene en silencio. Según señaló Reyes, ninguna de las figuras mencionadas en el pasado por el propio Marset ha dado declaraciones tras su detención, y no se registran avances visibles en la investigación sobre eventuales redes de protección estatal.

El análisis se completa con una reconfiguración más amplia del mapa criminal en la región. De acuerdo con Reyes, la relación entre Marset y el Primer Comando Capital (PCC) ya estaba debilitada antes de su captura, mientras que otras estructuras, incluidas mafias balcánicas, ganaban espacio en Bolivia. Al mismo tiempo, los cambios geopolíticos —como la presión de Estados Unidos sobre Venezuela— estarían empujando una redistribución de rutas del narcotráfico hacia países del sur.

En ese contexto, Uruguay aparece mencionado en una investigación reciente vinculada al transporte de grandes volúmenes de precursores químicos hacia Bolivia. Reyes señaló que el volumen detectado y la ruta utilizada “llaman mucho la atención” y que se analizaba incluso el origen del producto y el rol del país como posible punto de tránsito.

El dato, aclaró, está en etapa de análisis y no implica conclusiones definitivas. Pero se inserta en un escenario más amplio que, según su lectura, deja una definición de fondo: la caída de Marset no implicó el fin de su estructura.

Por el contrario, abrió una nueva fase. Una fase marcada por la reorganización interna, la disputa de poder, la continuidad operativa del negocio y un factor de incertidumbre que excede lo criminal: lo que Marset decida decir —o callar— ante la justicia de Estados Unidos.

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