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Bielsa abrió la intimidad de la selección, asumió el fracaso y defendió una convicción: "Merecimos clasificar"

Bielsa abrió la intimidad de la selección, asumió el fracaso y defendió una convicción: "Merecimos clasificar"

El entrenador cerró su ciclo al frente de Uruguay con una conferencia de prensa en la que asumió toda la responsabilidad por la eliminación en la fase de grupos del Mundial, confirmó que nunca logró la aceptación del plantel y reveló los cambios que introdujo tras los planteos de los futbolistas. Sin embargo, rechazó que esa relación haya condicionado el rendimiento del equipo y sostuvo que la selección hizo méritos suficientes para avanzar a octavos de final.

Marcelo Bielsa eligió despedirse de la selección uruguaya sin refugiarse en silencios ni en explicaciones de compromiso. Después de la eliminación en la fase de grupos del Mundial, compareció durante casi dos horas ante los periodistas para asumir el resultado, responder a las versiones que rodearon al plantel durante el torneo y exponer, con un nivel de detalle inusual, cómo fue la convivencia interna en un proceso que terminó muy lejos de las expectativas que él mismo había generado.

No hubo intentos de relativizar el golpe deportivo. Su diagnóstico apareció en las primeras frases.

"Hemos decepcionado a los aficionados. Es una frustración muy grande. Era totalmente imprevisto que la posición final nuestra fuera la que fue", afirmó.

También fue categórico al hablar de su responsabilidad. "No puedo justificar la posición que obtuvimos. La gestión que hice de los recursos con que contaba no fue suficiente".

Con esa definición quedó planteado el primer mensaje de la conferencia: el fracaso era suyo. Sin embargo, a partir de allí comenzó a desarrollar una idea que atravesó prácticamente toda su exposición y que terminó convirtiéndose en el verdadero eje de su defensa: para Bielsa, el resultado no reflejó lo que produjo futbolísticamente Uruguay durante el Mundial.

Esa convicción apareció una y otra vez, tanto al explicar el funcionamiento del equipo como al responder sobre su relación con los jugadores.

Porque si hubo un tema al que dedicó más tiempo que a cualquier otro, fue precisamente el vínculo con el plantel.

Bielsa confirmó que hubo reuniones con los futbolistas durante la preparación y que de esos encuentros surgieron pedidos concretos para modificar aspectos de la dinámica diaria de trabajo.

Negó, en cambio, que los jugadores le hubieran reclamado cambios tácticos o estratégicos para enfrentar a España, como había trascendido durante el Mundial. "Eso no sucedió", respondió.

Lo que sí ocurrió, explicó, fue otra cosa.

Después del amistoso frente a Estados Unidos mantuvo reuniones con grupos reducidos de futbolistas para escuchar qué aspectos de su forma de conducir el equipo les generaban incomodidad. De esas conversaciones surgieron dos planteos principales.

El primero tenía que ver con la organización de los entrenamientos.

Bielsa explicó que prefería dividir al plantel en dos grupos porque eso reducía el tiempo de trabajo bajo altas temperaturas y le permitía observar con mayor atención a todos los futbolistas. Los jugadores, en cambio, le transmitieron que querían entrenar juntos porque entendían que compartir cada jornada fortalecía la cercanía y la integración del grupo.

El entrenador aceptó el planteo.

"Me pareció que, si tenían esa necesidad, yo tenía que aceptarla", explicó.

El segundo pedido estuvo vinculado a la cantidad de información que recibía el plantel. Los futbolistas le manifestaron que las charlas técnicas, los análisis de video y las explicaciones acumulaban un volumen de información que los saturaba.

Bielsa dijo que, antes de acceder, consultó a especialistas para entender cómo adaptar esos contenidos a las nuevas generaciones y que incluso ya había reducido significativamente la duración y la frecuencia de las reuniones. Sin embargo, cuando el plantel insistió en el planteo, volvió a modificar su forma de trabajo.

"El destinatario de un mensaje tiene derecho a decir esto me sirve y esto no me sirve", sostuvo.

Esas revelaciones llevaron a la pregunta de si nunca había logrado construir una relación fluida con el grupo. La respuesta fue tan breve como contundente.

"¿Logré la aceptación del grupo? No".

Ante la insistencia de otro periodista, profundizó aún más en esa definición. "¿Cautivé a los jugadores? No. ¿Los jugadores estaban cómodos conmigo? No".

Reconoció que nunca logró establecer ese vínculo con todo el plantel y expuso el segundo eje de su discurso. Para Bielsa, una relación humana distante no significó un equipo desconectado futbolísticamente.

Según explicó, la adhesión de los jugadores no debía medirse por el grado de simpatía que despertara el entrenador, sino por la manera en que el equipo respondiera en la cancha. Por eso rechazó de plano la idea de que el fracaso deportivo hubiera sido consecuencia de una fractura interna.

"La relación que tuve con los jugadores no fue un obstáculo para que el equipo consiguiera merecer aquello que era necesario", afirmó.

A partir de allí construyó una defensa basada en datos físicos, estadísticos y futbolísticos.

Sostuvo que Uruguay corrió más que Arabia Saudita, Cabo Verde y España; que en dos de esos partidos incluso aumentó su despliegue durante el segundo tiempo; que generó muchas más situaciones de peligro que Arabia, superó claramente a Cabo Verde y terminó jugando de igual a igual frente a una selección española que llegaba al Mundial con una extensa racha sin derrotas.

Para Bielsa, esos elementos demostraban que el equipo había respondido a sus exigencias. Por eso insistió varias veces en una conclusión que recorrió toda la conferencia.

"Merecimos terminar con siete puntos."

Según su análisis, Uruguay debió vencer a Arabia Saudita y a Cabo Verde y empatar frente a España. La diferencia entre ese rendimiento y el resultado final la atribuyó a errores de definición y a goles evitables recibidos durante el torneo, factores que consideró propios del juego y no la consecuencia de un supuesto deterioro del grupo.

El entrenador sostuvo esa postura incluso cuando fue consultado sobre los errores individuales que terminaron condicionando el desenlace de los partidos. Rechazó que esas fallas pudieran interpretarse como consecuencia de un plantel incómodo con su conducción.

"No puedo decir que erramos goles o recibimos goles evitables porque los jugadores estaban enojados conmigo", respondió.

Para respaldar esa afirmación, reconstruyó buena parte de la preparación mundialista y describió un escenario que, según dijo, obligó al cuerpo técnico a resolver de manera permanente problemas físicos y deportivos.

Enumeró futbolistas que llegaron lesionados, otros con escasa continuidad en sus clubes, jugadores que debieron incorporarse más tarde por compromisos internacionales y casos en los que la recuperación física se extendió durante buena parte de la preparación.

Entre ellos mencionó a Ronald Araújo, Giorgian De Arrascaeta, José María Giménez, Manuel Ugarte, Nicolás De la Cruz, Sergio Rochet, Joaquín Piquerez y otros integrantes del plantel.

Sin presentar esas situaciones como excusas, sostuvo que el grupo encontró respuestas para competir pese a ese contexto. "Tuvimos seis problemas diferentes y los resolvimos todos", afirmó.

Esa idea volvió a aparecer cuando explicó la evolución de futbolistas como De la Cruz y Ugarte en las semanas previas al Mundial. Según Bielsa, ambos llegaron con poca continuidad competitiva y recuperaron progresivamente su mejor nivel a lo largo del propio proceso de preparación.

También utilizó esos ejemplos para sostener que el rendimiento colectivo había sido una construcción del grupo y no una consecuencia exclusiva de las decisiones del cuerpo técnico.

"Este grupo de jugadores resolvió la ausencia de Araújo, resolvió la ausencia de Arrascaeta, resolvió la llegada a la forma deportiva de Ugarte, resolvió la espera para que De la Cruz se convirtiera en posible titular", expresó.

En esa misma línea, reivindicó el compromiso de los futbolistas que viajaron al Mundial pese a estar en procesos de recuperación física.

Sobre De Arrascaeta dijo que eligió convivir durante un mes con la incertidumbre de una lesión en lugar de tomarse vacaciones. De Araujo destacó su voluntad permanente de intentar llegar en condiciones. De José María Giménez recordó que apenas había disputado 55 minutos oficiales en más de dos meses antes de incorporarse a la selección.

Para Bielsa, todos esos casos reflejaban el grado de compromiso del plantel con la selección y reforzaban su conclusión de que el grupo nunca dejó de competir.

La conferencia también dejó espacio para responder a situaciones puntuales que habían generado repercusión durante el torneo.

Confirmó que Fernando Muslera tuvo fiebre el día previo al partido frente a España, aunque aclaró que el arquero llegó al encuentro sin temperatura ni síntomas que le impidieran jugar. Luego, ahondó en el episodio del cambio de arquero en el entretiempo del partido ante España.

Según contó, fue el propio Muslera quien, tras un error durante el partido, le pidió ser sustituido porque entendía que no estaba en las mejores condiciones anímicas para afrontar el segundo tiempo. Bielsa calificó esa actitud de un gesto de enorme generosidad hacia el equipo.

También rechazó que hubiera existido un conflicto con Federico Valverde tras su sustitución ante España. "Nunca tuve un problema con Valverde. Nunca", afirmó.

Recordó que el volante había aceptado desempeñarse en distintas posiciones cada vez que el equipo lo necesitó y destacó especialmente su disposición para adaptarse a funciones alejadas de su puesto natural.

Otro de los temas abordados fue el legado que dejaba tras tres años al frente de la selección.

Consultado sobre su aporte al fútbol uruguayo, respondió que siempre estuvo dispuesto a compartir sus conocimientos con quien se los solicitara, aunque sostuvo que nunca percibió un verdadero interés por ese trabajo.

"Tengo clarísimo que no dejo nada", dijo.

En ese contexto defendió además la preservación del legado de Óscar Tabárez dentro del Complejo Uruguay Celeste y rechazó versiones que señalaban un supuesto desmantelamiento de la infraestructura heredada. Aseguró que todo lo realizado durante el ciclo anterior se mantuvo y destacó especialmente el trabajo de Jorge Giordano durante su gestión.

Ya, al final, volvió al punto de partida. Ratificó que el fracaso deportivo era de su exclusiva responsabilidad y que no encontraba argumentos para justificar la eliminación.

"No me voy satisfecho", afirmó. Pese a ello, insistió una vez más en que el recorrido futbolístico del equipo mereció un desenlace distinto.

"Hicimos lo imposible. Me sentí acompañado en la búsqueda del objetivo por los jugadores, o dicho de otra manera más justa, acompañé a los jugadores en la búsqueda del objetivo y pasó lo que pasó", concluyó.

Antes de retirarse, pidió disculpas por la forma en que reaccionó inmediatamente después de la derrota frente a España, cuando debió cumplir con las entrevistas obligatorias para las cadenas con derechos de transmisión. Explicó que estaba desbordado por el dolor de la eliminación y reconoció que probablemente no fue lo suficientemente educado como para corresponder.

Fue la última intervención pública de un entrenador que eligió asumir sin matices la responsabilidad por la eliminación, pero que, al mismo tiempo, defendió hasta el final una convicción que atravesó toda su conferencia: que el funcionamiento del equipo, el compromiso del plantel y lo producido dentro de la cancha no se correspondieron con el resultado que terminó marcando el cierre de su ciclo.