El gobierno cambia su estrategia y sale a instalar un relato sobre su gestión
- Jul 06 2026
Cinco mensajes difundidos en menos de una semana por el presidente Yamandú Orsi y cuatro jerarcas del Poder Ejecutivo evidencian un cambio en la estrategia de comunicación del gobierno. Con la Rendición de Cuentas como punto de partida, Presidencia puso en marcha una campaña coordinada que trasciende el debate presupuestal para defender la gestión, poner en valor los resultados que considera alcanzados durante el primer tramo de la administración e instalar un relato sobre el rumbo del país. La ofensiva comunicacional se produce, además, en un contexto en el que el propio oficialismo viene reconociendo desde hace meses dificultades para comunicar su gestión y en el que las principales encuestas de opinión pública continúan mostrando que la desaprobación de la gestión sigue cayendo desde marzo del año pasado.
La Rendición de Cuentas aparece en todos los discursos, pero como un punto de apoyo. Ninguno de los mensajes tiene como objetivo explicar el articulado del proyecto enviado al Parlamento ni defender técnicamente sus disposiciones. El objetivo parece ser otro: utilizar ese escenario político para construir un discurso más amplio sobre la gestión, reivindicar prioridades, mostrar resultados y transmitir que el gobierno ya empezó a cumplir los compromisos asumidos al inicio del período.
La campaña comenzó con un mensaje del presidente Orsi y luego continuó con intervenciones del secretario de la Presidencia, Alejandro Sánchez; del ministro de Desarrollo Social, Gonzalo Civila; de la presidenta del Banco de Previsión Social, Jimena Pardo; y del director de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto, Rodrigo Arim. Los cinco videos fueron difundidos desde la Presidencia de la República; comparten el mismo formato audiovisual, una identidad gráfica prácticamente idéntica y una lógica narrativa que se mantiene de principio a fin.
Más allá del tema específico que desarrolla cada jerarca, la estructura se repite. Primero aparecen indicadores o medidas que el gobierno presenta como avances concretos. Después se reconoce que persisten problemas importantes y que todavía queda mucho por hacer. Finalmente, el mensaje concluye reafirmando que las prioridades elegidas son las correctas y que los resultados obtenidos justifican el rumbo adoptado por la administración.
La intervención de Sánchez termina de dejar en evidencia cuál parece ser el verdadero cambio. Después de defender la evolución del salario real, el ingreso de los hogares, las jubilaciones, el empleo y otras decisiones impulsadas por el gobierno, el secretario de la Presidencia sostiene que "callarnos en esto no es humildad, es un serio error político". La frase trasciende el contenido de la Rendición de Cuentas y funciona como definición de la estrategia comunicacional que el propio gobierno decidió asumir.
No es una afirmación menor. Durante los últimos meses, dirigentes del Frente Amplio e integrantes del propio Poder Ejecutivo han planteado públicamente que una de las debilidades de la administración ha sido la dificultad para instalar en la agenda pública las políticas desarrolladas desde el 1.º de marzo del año pasado. Esa discusión, que hasta ahora aparecía dispersa en declaraciones de distintos referentes oficialistas, encuentra por primera vez una traducción práctica en una campaña institucional con un mismo lenguaje, un mismo formato y una misma línea argumental.
Esa línea también puede rastrearse en el resto de las intervenciones.
Civila pone énfasis en el empleo como herramienta de inclusión, sostiene que el crecimiento económico, por sí solo, no basta para reducir las desigualdades y defiende el papel del Estado y la prioridad otorgada a la infancia.
Pardo toma un caso concreto para mostrar el impacto de las decisiones del gobierno sobre las jubilaciones y pensiones, mientras que Arim construye el respaldo económico del mismo relato al defender la evolución del empleo formal, los salarios reales, el ingreso de los hogares y la decisión de concentrar buena parte del incremento presupuestal en políticas dirigidas a la infancia.
Aunque cada uno habla desde su área, ninguno limita su exposición al organismo que dirige. Todos terminan aportando una pieza diferente a un mismo discurso político: un gobierno que busca explicar hacia dónde va, reivindicar las decisiones adoptadas durante su primer tramo de gestión y convencer de que los resultados que presenta no solo existen, sino que también deben ser comunicados.
La decisión de distribuir ese mensaje entre distintos jerarcas tampoco parece responder únicamente a una cuestión temática. Más que una sucesión de intervenciones sectoriales, la campaña construye un recorrido que abarca prácticamente todos los ejes que el gobierno pretende identificar como centrales de su gestión.
La economía aparece vinculada al bienestar de las personas; la política social, al empleo y la autonomía económica; las jubilaciones, a mejoras concretas para quienes ya dejaron el mercado laboral; y la planificación presupuestal, a una asignación de recursos presentada como coherente con esas prioridades. Cada intervención aporta una dimensión diferente, pero todas terminan reforzando una misma idea: las decisiones adoptadas desde el comienzo del período no son hechos aislados, sino parte de un proyecto de gobierno que el Poder Ejecutivo entiende que ya comienza a reflejarse en resultados.
Hay otro elemento que atraviesa prácticamente toda la campaña. Ninguno de los mensajes transmite la idea de que los problemas del país estén resueltos. Por el contrario, todos reconocen, con distintos énfasis, que persisten desafíos importantes en materia de pobreza, empleo, desigualdad o costo de vida. Sin embargo, esa admisión no conduce a un discurso defensivo. Funciona como punto de partida para sostener que el rumbo elegido es el correcto y que los primeros resultados permiten empezar a evaluar la gestión desde una perspectiva distinta de la del inicio del mandato.
También cambia la forma de comunicar.
Durante buena parte del primer año de gobierno, la comunicación oficial se centró en anuncios puntuales, actividades institucionales o decisiones específicas de cada organismo. La serie difundida ahora muestra un enfoque diferente: menos énfasis en la medida aislada y mayor esfuerzo por conectar decisiones, prioridades y resultados en una misma narrativa política.
Ese cambio también modifica el papel de los propios jerarcas. En estos mensajes ya no aparecen únicamente como responsables de explicar las políticas de sus respectivas áreas. Asumen, además, el rol de voceros de una construcción política más amplia, en la que cada uno aporta argumentos para sostener un mismo relato sobre la gestión del gobierno.
No es un dato menor que ese giro ocurra precisamente ahora.
La discusión parlamentaria de la Rendición de Cuentas ofrece un escenario propicio para plantear en la mesa prioridades presupuestales y políticas públicas. Pero la campaña parece perseguir un objetivo más amplio que el de defender un proyecto de ley. Busca ordenar un discurso sobre el primer tramo de gobierno, reivindicar decisiones ya adoptadas y disputar la interpretación pública de esos resultados en un momento políticamente exigente para el oficialismo.
En ese sentido, la principal novedad no radica en ninguno de los anuncios de los videos, muchos de los cuales ya habían sido comunicados por distintas vías. Lo novedoso es la decisión de integrarlos en un mismo relato, presentado por distintos voceros, con un lenguaje común y una estrategia coordinada.
Será el tiempo quien determine si esta campaña marca un cambio permanente en la comunicación del gobierno o si responde exclusivamente al contexto de la Rendición de Cuentas. Pero el movimiento político ya quedó planteado.
Después de más de un año de gobierno, el oficialismo parece haber decidido que los resultados no solo deben producirse: también deben ordenarse, explicarse y defenderse públicamente. Y ese giro comunicacional, más que cualquiera de los mensajes individuales, es el hecho político que deja esta serie de intervenciones.











