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Seguridad: perfilan la calle y detectan patrón de egresos carcelarios en Maldonado

Seguridad: perfilan la calle y detectan patrón de egresos carcelarios en Maldonado

La Policía de Maldonado comenzó a sistematizar las intervenciones con personas en situación de calle y detectó un patrón dominante: una proporción significativa proviene del sistema penitenciario y presenta consumo problemático. El fenómeno reconfigura el problema y expone los límites de la reinserción.

El cambio de enfoque fue adelantado por el jefe de Policía de Maldonado, Víctor Trezza, en la entrevista del 18 de marzo en el ciclo de Punta News y Canal 2, donde explicó que la jefatura dejó de limitarse a intervenir ante ocupaciones de espacios públicos y pasó a reconstruir la trayectoria de quienes terminan en situación de calle.

“Nosotros hemos ido un pasito más allá y, en esa interrelación que hay entre el policía y esa persona, le consultamos por qué llegó a esa situación”, señaló. Ese pasaje —de la intervención al perfilamiento— es el que empieza a ordenar un fenómeno que hasta ahora aparecía fragmentado, con episodios visibles pero sin una lectura estructurada detrás.

Los primeros resultados de ese trabajo muestran una tendencia clara. “Muchos son consumidores problemáticos, otros tienen un desarrollo familiar complejo y más de un 40% o un 60% son salidos del Instituto Nacional de Rehabilitación”, afirmó Trezza. El dato no solo describe una realidad operativa, sino que también redefine el problema y desplaza el foco hacia el origen de esas trayectorias.

Del espacio público al origen del problema
Ese patrón modifica el eje de análisis. La presencia de personas en situación de calle deja de ser únicamente un problema de ocupación de espacios públicos o de convivencia puntual para convertirse en un fenómeno con recorridos identificables, en el que se repiten determinadas condiciones previas.

En ese mismo análisis, una de las hipótesis más extendidas pierde sustento a la luz de los datos recopilados por la Policía. “Muy poquitos, te diría un 1%. Son personas que vinieron al departamento a buscar trabajo”, precisó Trezza. La afirmación acota el margen de interpretación: el fenómeno no está impulsado mayoritariamente por la migración laboral fallida, sino por procesos previos que no lograron sostener la reinserción social tras la salida del sistema penitenciario o en contextos de consumo problemático.

Intervenciones masivas y datos que empiezan a consolidarse
El abordaje operativo se intensificó a partir del 1° de febrero, con intervenciones sistemáticas ante ocupaciones de espacios públicos, la instalación de campamentos y situaciones de pernocte. En ese período, la Policía superó las 300 intervenciones vinculadas a estas situaciones en pocas semanas, con casos reiterados sobre las mismas personas, en un volumen que no solo refleja control territorial, sino también generación de información.

A partir de cada intervención, se comenzó a incorporar un relevamiento más detallado que incluye variables como la situación familiar, el origen, las condiciones de salud y los antecedentes. Esa base permite identificar recurrencias: presencia reiterada de las mismas personas en distintos puntos, concentración en determinadas zonas del departamento y vínculos frecuentes con consumo problemático y con egresos del sistema penitenciario.

Ese proceso ordena por primera vez un fenómeno que hasta ahora se presentaba de forma fragmentada y sin una lectura estructurada.

Un circuito que se repite
En términos operativos, el procedimiento está claramente definido y se aplica de forma sistemática. “Vamos nosotros; notificamos que no pueden permanecer ocupando espacios públicos por la ley de faltas. Si no están identificados, los llevamos a la comisaría, los identificamos y después accionamos con la Intendencia”, explicó Trezza al detallar la secuencia de actuación.

El esquema incluye intervención policial, identificación de la persona, retiro del espacio público, limpieza del lugar con apoyo de la Intendencia y derivación a organismos como MIDES o Salud Pública cuando corresponde. Desde el punto de vista del control, el sistema funciona y permite responder a cada situación.

Sin embargo, la dinámica muestra un límite claro. “Nos vuelven a llamar los vecinos y nosotros vamos también”, reconoció el jefe policial. La reiteración sobre las mismas personas y en los mismos puntos confirma que el fenómeno no se agota en la ocupación puntual del espacio, sino que responde a un circuito que se reproduce.

El impacto en la convivencia
Ese escenario tiene un efecto directo en la percepción de seguridad. “Los problemas de convivencia están a la orden del día”, advirtió Trezza, en referencia al aumento de conflictos vinculados a ocupaciones, campamentos y la permanencia en espacios públicos.

Si bien muchas de estas situaciones no derivan en delitos graves, su presencia sostenida en el territorio incide en la sensación de inseguridad y en la demanda de intervención por parte de los vecinos. Esto obliga a la Policía a mantener una presencia constante ante fenómenos que, por su naturaleza, no siempre tienen una resolución definitiva desde el punto de vista operativo.

El límite del abordaje operativo
El patrón detectado introduce una dimensión más profunda que trasciende la respuesta policial. La presencia significativa de personas que egresan del sistema penitenciario y terminan en situación de calle plantea una dificultad estructural vinculada a los procesos de rehabilitación y reinserción.

En ese contexto, la Policía actúa como primer nivel de intervención, pero no como solución de fondo. “Tratamos de trabajar con ellos y recuperarlos para devolverlos a la sociedad de forma natural”, señaló Trezza al referirse a la articulación con MIDES y otros organismos.

Sin embargo, la reiteración de casos, la persistencia del fenómeno y la combinación de factores —consumo problemático, desvinculación social y trayectorias vinculadas al sistema carcelario— configuran un escenario en el que las respuestas requieren un abordaje más amplio.

Un patrón que empieza a quedar expuesto
La diferencia es que ahora ese patrón empieza a estar respaldado por datos. Y cuando la reiteración deja de ser percepción y pasa a tener evidencia, el problema cambia de escala: ya no es solo una cuestión de convivencia, sino un circuito que el sistema todavía no logra interrumpir.

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